miércoles 7 de enero de 2009

¡¡CATARSIS!!

Fragmentos de la película Network.

Hace reflexionar y darse cuenta de lo dormidos que estamos y de como el conformismo nos lleva a aceptar cualquier cosa siempre y cuando no nos haga movilizarnos.
Comemos contínuamente mierda, quejándonos luego de que nos ha hecho daño.
Lo peor es que luego nos lo recuerdan y nos enfadamos con quien nos lo dicen no con nosotros mismo por haberlo aceptado.
Todo problema tiene una solución pero ¿en qué medida estamos dispuestos a aceptar que tenemos que cambiar?




lunes 5 de enero de 2009

La niña con las tijeras en la mano.


Con 40 años encima, miró hacia atrás en su vida y se sintió abandonada. Vivir se le convirtió en una carga con la que sentía que no podía continuar.

Sensación de abandono porque habían puesto sobre ella tanto que no se sabía como manejar la realidad que había construido a base de apariencias, diplomacia y un hacer creer a los demás cosas que significaban en realidad lo contrario. Cargando con un peso que creía que podía siempre soportar. Ingenuidad que disfrazaba un tremendo miedo a tener que resolver su pasado.

Había nacido con unas tijeras en las manos sin instrucciones de cómo debían ser usadas.

Todo el mundo podía verlas, todo el mundo podía fácilmente comprobar como estaban de afiladas pero ella en vez de cortar cada recuerdo, suceso, trauma o problema, había decido hacer lo que mejor le parecía, usarlas contra su persona.

-Yo estoy bien, (se) nos decía.

-Yo no me siento mal, quiero estar sola y no hacer nada, sólo descansar, argumentaba.

Sólo si se sabe leer entre líneas, sólo si se sabe que la palabra está llena de inteligentes contradicciones como cuando uno dice blanco y quiere decir negro, como cuando uno dice norte y no se sabe ni dónde se está, cuando ni se es capaz de admitir que se está desorientado.

Hablar para rellenar frases simplemente, o hablar para no oír lo que se debe realmente hacer. Yo digo una cosa y en realidad siento otra, digo lo que quieras oír no quiero que sepas lo que ni yo me atrevo a saber.

Tres, dos, uno y zas… llegó la hora y un monstruo creado de recuerdos había crecido demasiado como para poder controlarlo. Monstruos en forma de ansiedad y que cortan todo tipo de resistencia.

Fue fácil porque ella en realidad es lo que quería, estaba muy cansada y sin casi motivaciones.

Era el momento perfecto, la soledad que buscaba le sirvió para saber el cómo, la época en que lo hizo, para tener a mano sus recuerdos más claros y la forma en que lo intentó; durmiendo y queriendo que no tuviese que despertar. Su prisión ahora ya era muy pequeña ¿qué mejor que intentar escapar?

Tijeras.

Unos las utilizan para amenazar, las muestran y evitan que se acerquen demasiado.

Otros las esconden y las evitan a toda costa, quizás porque sienten que el peligro de su uso puede hacerles daño, no verlas para creer que no existen.

Otros las utilizan para ser queridos mostrando continuamente el poder que tienen. Me quieres o sino las utilizaré contra mí o contigo.

Pero muy pocos quieren aprender su verdadero uso, el motivo de porqué están ahí.

Ya sea para delimitar tu espacio, para contar aquello que invada tu terreno y para acabar con lo que tanto nos ralentiza.

Tijeras en el cuerpo de una adulta con mente de niña que quiere que la quieran porque ella no sabe cómo.

No se puede hacer nada si ella no lo siente, simplemente que aprenda de una vez por todas que aquello que le puede matar también le puede dar vida, porque teniendo unas tijeras tan afiladas no sólo se puede cortar todo lo que le ata sino que le ayudarían a crecer y construir todo lo que se le antoje.

No son una amenaza sino una herramienta más para abrirse camino pero ¿puede una mente de niña razonar sola sino se le enseña cómo?



viernes 2 de enero de 2009

Enredaderas




Había tres árboles en una de las partes del jardín. Pero en la base, casi a ras del suelo y elevándose sin tregua, una enredadera llevaba años creciendo poco a poco sin cesar.

Tanto espacio había ocupado ahora, que se apreciaba, a simple vista, como toda ella era la que dominaba aquel lugar.

Dos de los tres árboles ya ni tenían hojas, parecían muertos, secos. Sólo uno permanecía con vida, como queriendo reivindicar su lugar en aquella parte del jardín. Posiblemente, una guerra de poderes de forma muy ralentizada.

No era necesario saber mucho sobre jardinería para darse cuenta que la enredadera absorbía gran parte de los nutrientes de la tierra y que con ello condenaba el destino de aquellos tres árboles al dejarlos sin la posibilidad de compartir terreno.

La enredadera se agarraba a todo lo que podía. Incluso llegaba a alcanzar la copa de los árboles, se entretejía entre sus ramas, en su tronco, como garras que buscaban extenderse buscando espacio en el que crecer.

Había que tomar una decisión rápida si no se quería perder la sombra que aquellos árboles antes daban, deshacerse de la enredadera y arrancándola del todo o dejarla sabiendo que los árboles pronto morirían.

Empecé cortando sus largas varas que como látigos se extendían en todas direcciones. Duré varias horas hasta dejar expuestas sus decenas de raíces que con pequeñas batatas se agarraban fuertemente al suelo. Fue difícil pero con paciencia pude quitar casi todas ellas.

Según hacía todo esto pensaba en la similitud que este asunto tiene con nuestras vidas. De forma metafórica lo comparé a la forma a la que crecemos personalmente. Y es que, somos como jardínes, complejos y vulnerables a primera vista pero llenos de raíces ocultas, invisibles y que ignoramos.

Las semillas de muchas enredaderas crecen en nuestro interior ocupando cada vez más y más espacio y agarrándose con el paso del tiempo más fuertemente a nuestra conducta. Independientemente del tipo de enredadera que sea, ésta absorbe, sin pausa, nuestras energías y por tanto influye en todo lo que hagamos.

Sea una semilla plantada por uno mismo o no, el hecho de que germine, crezca y se refuerza dependerá de cómo ésta sea alimentada. Es algo propio y por lo tanto sólo uno mismo deberá saber cómo tratarla independientemente de qué utensilios tengamos para que no domine todo el entorno.

Puede que uno decida ir a un médico para que, por ejemplo, te recete unas tijeras e intentes contarla.

Puede que uno decida ignorarla aún sabiendo que crecerá sin pausa. Se sabe pero es preferible no prestarle atención.

O puede que uno decida dejar que forme parte de nuestro”paisaje”.


Sería interesante empezar por plantearse que tipo de enredaderas crecen en nuestro interior y saber si ella nos domina o si somos capaces de controlarla todo el tiempo.


Pero, ¿no es duro de por sí ya saber que siempre hay algo que busca dominar el mayor espacio posible y acapararlo todo? ¿Y no es duro saber que debemos pasar toda una vida en tratar de evitar que crezca sin control? ¿Tendremos constantemente la fuerza suficiente para estar al acecho y que no vaya más allá de donde queramos?

Nuestro jardín interior al fin y al cabo lo construye cada uno a su manera, el que haya o no enredaderas conllevaría aceptar sus consecuencias, saber hacia que caminos puede llevarnos.


Las enredaderas llamadas traumas, injusticias, rencores o simples recuerdos desagradables quizás sirvan para crear muros que refugien jardines ante todo aquello que suponga una amenaza, protegiéndonos ante algo. Nos recuerdan lo que un día pasó y que desde el mismo momento que son sembradas tendremos que siempre mantenerlas bajo control. De ahí la importancia de saber reconocerlas porque sólo a través del conocimiento sabremos como actuar y saber donde ubicarla.

Mirar la causa y el origen, aprender cómo tratarla para que siempre tengamos la posibilidad de poder deshacernos de ella, como hice yo con la de mi jardín.

Porque toda planta nace de una semilla, y ¿no es uno mismo responsable de que ésta germine o no?




viernes 7 de noviembre de 2008

Molinos



Siempre me gustaron los molinos.

Los grandes, los pequeños, los de juguete, los dibujados, los que aparecen en mitad de una llanura en muchas postales, incluso aquellos que cuelgan de muchos balcones e indican la dirección y fuerza del viento.

Me queda claro el motivo de porqué me cautivan tanto, no sólo es su apariencia sino también lo que simbolizan.

  • Quizás sea el movimiento de sus aspas que me recuerdan que todo se mueve con cierta intensidad, cada día, hora y minuto, siempre. Todo se repite pero con diferente ritmo.
  • Quizás sea la solidez de su base que, bien sujeta al suelo, utiliza al mismo viento que para otros puede ser imperceptible o que independientemente de su fuerza, ellos ni se inmutan.
  • La ubicación que siempre tienen, en mitad de un valle o sobre una montaña y que hace que nunca pasen desapercibidos.
No lo sé pero quizás sea una proyección más de lo que siempre he querido ser, de lo que admiro, de lo que me gusta y veo en muchas personas que quiero y me rodean. Porque hay muchos molinos en mi vida, uno de ellos cumple hoy años y no puedo parar de admirar su belleza y el porte con el que se alza.

Ha pasado hasta por huracanes y ahora, en ocasiones, sus aspas se aburren con la monotonía de la brisa.

Felicidades mi hermana.. sé que el viento nunca parará de hacer girar tu vida puesto que, como ya sabrás y nunca debes olvidar, los molinos no han nacido para estar quietos, es su movimiento por el que a todos, imnotiza.

miércoles 5 de noviembre de 2008

Bla bla bla bla




A: ¿Qué tal?

B: Bueno...

A:
¿Eso es un bien?

B: Regular... ni bien ni mal, me siento como si estuviera en una sala de espera.

A:
¿Y eso?

B: Pues eso, que me siento como que todo me aburre... me aburre tanto bla bla bla, como si fuera Woody Allen, palabras y más palabras que al final se quedan en eso.. en un infinito discurso.
Me aburro de mí mismo, espero algo más pero no sé que coño es y eso me inquieta. ¿No hay nada más? ¿Va a ser todo así? ¿Qué hago? ¿Me invento un drama? ¿Exagero alguno que ya sienta que tenga? Estaré el resto de mi vida dando siempre vueltas a lo mismo? Que si este tío, que si hoy hice tantas pesas, que si esta cremita, que si esta ropita... ufff.

Sé que muchas veces, hasta por aburrimiento, buscamos entretenernos a costa de cualquier cosa, falsos dramas o enfocamos nuestra atención en la vida de otros, criticamos, nos emocionanos con cualquier asunto que rellene nuestro tiempo, como eso lo sé, pues me aburro hasta de intentar acostumbrarme. Tampoco me apetece salir ni emborracharme, ni dejarme llevar, tampoco es cuestión de perder el control por sentirse tan aburrido.

A: ¿No te gusta perder el control?

B: A nadie le gusta perderlo.

A: Ya pero ¿alguna vez lo ha perdido?

B: Si.. muchas veces. Llamadas desesperadas a amigos, novios pidiéndoles su compañía por ser incapaz de estar sólo. Histerias y ataques de celos que como fantasmas me hacían ver cosas que en realidad no eran.
¡A estas alturas, sé que eran motivadas por mis inseguridades!... !ves! ¡ya estoy otra vez con el bla bla bla! ¡Mierda! Tanto hablar y ¿qué coño hago?¡¡ NADA!!

A: Eres un histérico.

B: Lo sé .. y encima marica aunque es lo mismo casi ¿no? Nosotros, los gays somos como un puñado de adolescentes de instituto jugando a ser o el chulito del barrio o la rubia tonta. El chulito de barrio es aquel que no acepta lo que es y lo esconde con "posturitas", la rubia tonta" sería la que su vida es un contínuo "vogue". ¿Para qué? Fácil, para atraer y alimentar el ego. Un ego que sólo busca alimentarse. Mírame, mírame ¿no me ves?
Voy al gimnasio casi todos los días no porque me guste sino para evitar estar mal físicamente, y encima a mi alrededor veo que muchos hacen lo mismo, como rebaño de ovejas cargamos con un gran cartel que dice: ¡VALGO LO QUE ME MIREN!

Hoy follo con éste, mañana con aquel o sea una constante necesidad de sentirse deseados.

A: ¿Cómo es eso?

B: ¿Has estado en un gimnasio? ¡Qué estrés!, todo el mundo sufriendo para tener músculos, parece una obligación, como las tías con sus tetas, los heterosexuales con sus coches tuneados. Todo es un mostrar "lo bueno que estoy y el cuerpazo que tengo" ¿para qué? para que los demás te miren y llenar tu ego con sus miradas, sin esas miradas ¿somos algo?, sin ese cuerpo ¿qué hay? Todo es un gran escaparate lleno de putas que eligen a aquel que más pague, no sólo con dinero sino con atenciones.

A: Jajaja menuda, -como les llaman también, ¿loca? estás hecha.

B: Joder; ni que lo digas. Encima, como niños grandes esperamos que, con el dedito nos digan ¡ay qué bebe más lindo!..¡¡ ay qué mono...!! mientras descansamos en una gran cuna conformista y nos inflamos como gallinas al ver el deseo en los ojos del otro. Pero al fin y al cabo, siempre hago lo mismo, no una sino dos, tres veces y quizás toda una vida y ¿sabes qué? ..estoy harto. ¡ME HARTO!

A: Podrías empezar a hacer algo ¿no?

B: ¿Cómo qué?

A: Uhmm, por ejemplo empezar a dar y no esperar tanto de los demás. Haz cosas que no implique posibilidad de histerismos, que no signifiquen seducir o sorprender al otro con tu persona. Da sin más sin seducir en ningún nivel. Sólo dar, no lo que haces ahora, dar esperando.

B: ¿Crees que no doy? ¡¡¡YO DOY MUCHO!!!

A: Si, das mucho por culo (en todos los sentidos), esperando a cambio que el otro por lo menos te entretenga, en todo lo que haces sólo piensas en ti. Si el otro no te da... te aburres o simplemente le ignoras. Es dar pero "a cambio de".

B: ¿A qué te doy?

A: Ves.. hasta cuando te enfadas das para no escuchar.

B: Me aburres.

A: ¿Te aburro o no te estoy dando lo que quieres ... oír?

B: Pesado.

A: Histérico

Bla bla bla bla bla bla bla


jueves 16 de octubre de 2008

Cacofobia

Charlando con mi psicoanalista, decidí exponerle uno de los muchos miedos que arrastro desde la infancia y que he mantenido durante la adolescencia, la pubertad y ahora la madurez.

Un miedo (entre otros) que no ha desaparecido porque aún muestro los síntomas que provoca. Estúpido o no, cada vez que pienso en ello, mi cuerpo se altera de alguna forma.
Y como he estado leyendo mucho a Jodorowsky y comparto la idea de que los miedos hay que enfrentarlos porque de una alguna forma son deseos reprimidos, asuntos que deben ser resueltos mediante la comprensión y el conocimiento (nunca evitarlos u ocultarlos). Señales y mecanismos de defensa que demuestran que hay algo pendiente y que alguna fibra tocan.
Para eso voy al psicoanalista, para averiguarlo, poder pasar página con ciertos asuntos y para solucionar paso a paso aquello que siento que arrastro. Por lo que hay que volver sobre tus pasos, a tu pasado, hasta llegar lo más atrás que uno recuerde y reconstruir para en el presente, comprender y así, buscar soluciones.

¿Qué miedo es? ¿De qué se trata? ¿Qué escena me provocaría verdadero miedo o me pondría los pelos de punta cual película de terror?
¿Los fantasmas? -No
¿La oscuridad? -No
¿Que la gente se entere que soy gay? -¡Qué va!
¿Los hombres? -No (bueno un poco si, pero no, no es ese tipo miedo, hablamos de un miedo infantil y de los primeros que recuerdo).

Pisicoanalista: Pero entonces no entiendo,¿Miedo a qué?
Yo: ¿Recuerdas la película ET?
Psicoanalista: Si, claro.

Yo:
¿Recuerdas la imagen de sus dedos largos asomando por la puerta y después su gran cabeza y sus ojos grandes?
Psicoanalista: Aha

Yo: Pues si yo viese eso creo que del grito que daría, no sólo quedaría sordo sino que ese bicho jamás pisaría la tierra. Me da tanto pánico esa imagen que si alguien me hiciera esa broma nunca más le hablaría. Cuando vi de pequeño esa película, esa imagen se me quedó grabada de tal forma que cuando estaba a solas en la cama y pensaba en ella llegaba hasta temblar. Hoy no tiemblo pero no pienso en ello cuando estoy a oscuras en mi habitación porque me asusta. Medio mundo suspirando con la carita de bueno de ese extraterrestre y su ternura y yo temblando.
Fíjate que siempre he dicho que si veo un fantasma, no creo que salga corriendo ¿qué te puede hacer un espíritu transparente que murmura o gime y que no hace nada sino mostrarse y ya?

Si por lo menos dijera: ¡Oye.. ayúdame, haz esto o lo otro!. Pero a mí, una cosa traslúcida que cruza una pared, un niño muerto que va de un lado para otro, pues no me da miedo, más bien curiosidad por saber qué hace ahí o qué quiere. Si se me aparece sin más claro que me asusto, como me puedo asustar si tú aparecieras también de repente o cualquier humano. Pero por mucho que pienso en ello, no me daría miedo en absoluto ver uno, más bien sentiría pena, angustia o respeto. No les doy más poder que a los humanos de carne hueso, quizás tienen la ventaja de que pueden asustar, sólo eso.

Pero sin embargo ver, a ese bicho, ET, con sus dedos largos, ojos grandes y esa cabeza que se levanta cada vez que se asusta me da pánico.

Psicoanalista: Pero, no entiendo ¿qué le asusta en especial de ET?

Yo: Me asusta su aspecto, me asusta su físico.

Psicoanalista: ¿A qué refiere? ¿A qué le da miedo lo feo que es?

Yo: Si, me da mucho miedo su apariencia.

Hubo un silencio que se me hizo largo, sobre todo cuando varias preguntas empezaron a rondar por mi cabeza : ¿Miedo a la fealdad? ¿Miedo a lo feo? ¿Tendrás miedo de ser feo?

Mira tú por donde pero me acabo de dar cuenta que lo que me asusta no es que vengan de otro planeta, que me hagan algo, me ataquen sino que sean feos.
¿Tendré cacofobia? (O sea fobia injustificada y miedo a la fealdad, a las personas feas y a lo feo en general) Por cierto, palabra que nunca antes oí y que la verdad, es bastante fea (para ser más redundante).

Pero tuve claro tras aquella sesión que tener miedo a algo sólo porque es feo demostraba que ese miedo aunque pareciera estúpido me decía mucho, mucho más (mi intolerancia, por ejemplo).

Pienso en posibles interpretaciones:
-¿Representará ET a un pene? ¿Sus dedos parecen falos? ¿Su cabeza que se levanta como cuando hay una erección? Uhm, podría ser. Soy gay y el ambiente en el que vivía era muy rural. Llama la atención la edad que tenía al ver la película y como se me jugaba exteriorizar mi sexualidad. ¿Miedo a explorar mi sexualidad? Ya que en aquella época pene contra pene era tabú y yo como niño no entendía nada. ¿Vincularía a aquel bicho a mi orientación sexual? ¿Por qué? Porque un niño en su despertar y curiosidad sexual si la poca información que tiene es negativa o nula ¿no es normal que se sienta extraño, digamos de otra galaxia?


-¿Miedo a la fealdad de la vejez? Quizás. Su piel arrugada y aspecto envejecido. La fealdad que la edad parece crear. Mi abuela vivía con nosotros y era muy autoritaria. Era amenazante porque su carácter era muy fuerte ( ¿ET=mi abuela?)

-¿Ojos grandes? ¿Miedo a ser juzgado? ¿Ojos que ven todo lo que haces?
Las conclusiones son variadas, por eso prefiero esperar y seguir reflexionando. Todo tiene un por qué, en eso si que creo, lo importante ahora es llegar a saber a qué y entender sus motivos.


Para terminar un mensaje intergaláctico para alguien (¿o sería más bien para algo?):
No te preocupes ET, me he vuelto más tolerante y estoy intentando luchar contra mi ignorancia. Te pido que me comprendas, no eres feo, sólo eras una proyección más de los miedos infantiles que todavía arrastro.


sábado 13 de septiembre de 2008

¿Libres?




Sartre (famoso filósofo francés) opinaba que la vida del hombre debería tener algún sentido pero que como estábamos condenados a vivir, nuestra libertad nos obliga a poner algo de nosotros mismos. Nos obliga a responsabilizarnos de todo lo que cada uno hizo/hace/haga.


Condenados porque siendo libres, el hombre tendría que admitir su propia culpa ante los problemas que tuviese y responsabilizarse ante todo acto que le beneficiase o perjudicase. Algo que, como ya se sabe, no está dispuesto a tolerar en todos los casos. La responsabilidad de admitir que se es culpable supone un peso demasiado grande para la conciencia de muchos. "El mundo, el destino me trata mal cuando la realidad sería que soy yo quien me regocijo en la pena continuamente para obtener así atención y no tener que hacerme cargo e intentar resolverlo".


Por esto, el ser humano ocupa su tiempo en mantenerse entretenido evitando reflexionar, malgastándolo casi siempre en cosas que no supongan mucho esfuerzo, que lo distraigan. Digamos que el confort y gandulismo mental hacen que por pura comodidad “nos durmamos en los laureles”.

Por ello llegó a utilizar entre otros métodos, el teatro como forma de hacer reaccionar a la gente. Se llamaba "teatro de lo absurdo" y se basaba en representar obras en las que situaciones cotidianas se mostraran cómicas para que la gente se sintiera identificada y que de alguna forma vieran la simpleza e ignorancia con la que vivían y ver si de este modo, eran capaces de movilizarse.


Funcionara o no, Sartre hablaba también de cómo el hombre sólo ve lo que quiere ver y como está condicionado por lo que en cada instante piensa o siente. Se enfoca en sus intereses dependiendo del momento captando sólo una mínima parte de todo un conjunto.

¿Cuántas veces nos preocupa algo y transmitimos a todo lo que nos rodea ese problema?

Nos gusta alguien y no nos llama, a partir de entonces y mientras esperamos que lo haga el resto del tiempo desaparece, incluso miramos el móvil incesantemente o nuestros amigos nos hablan pero no les escuchamos. En nuestra cabeza sólo esperamos que esa persona nos llame. El resto de cosas no nos importa. Malgastamos tiempo hasta que conseguimos sentir esa sensación que cuando ocurre nos alivie pero ¿y el resto del tiempo? Casi nunca ni sabemos que hemos hecho, no le prestamos ni atención.

A veces queremos algo y nuestra mente se enfoca sólo en eso, un coche, una moto o lo que fuera. Sólo veo lo que intento buscar hasta que lo obtengo. O me pasa algo e inmediatamente me siento más identificado con alguien al que le haya pasado lo mismo a pesar de que antes ni le hacíamos caso.


Sartre hablaba de cómo enfocamos nuestra atención de acuerdo a nuestros intereses por lo que al mismo tiempo hablaba de la responsabilidad que cada individuo tiene en buscar su propia felicidad a base de esfuerzo personal y lucha constante para que pueda ampliar sus miras, su conocimiento. Es complejo y conlleva tener que hacer trabajar nuestra conciencia a base de voluntad.

Y aquí es dónde empieza el conflicto para muchos, puesto que cuando el hombre sabe y siente que tiene que hacerse cargo de su vida, se acongoja y no se atreve a solucionarlo. Ante el miedo se oculta en excusas que evitan que tenga que enfrentarse a tan cruel destino agarrándose a lo que ya tiene y conoce. ¿Problemas yo? ¡Qué va! Al mismo tiempo que sale cada fin de semana a ponerse hasta el culo de pastillas o alcohol rodeado de voces que le entretienen y así poder evadirse de una realidad que le oprime entre semana.

¿Vivir y poder estar sólo para poder saber qué quiero y quién soy, cuando puedo vivir con mi familia, mis novios y mantenerme alejado de tener que intentar siquiera pensar en ello? Evito estar sólo para no tener que enfrentarme a mis propios pensamientos.

Buscamos la felicidad por el camino rápido a base de drogas, ocupaciones que nos distraigan sin ni siquiera entender el por qué de nuestra conducta.

¿Tener que admitir que soy un vago mentalmente? Prefiero la comodidad que me aporta culpar a los demás de lo que me ocurra cuando me sienta incómodo así pongo en el otro algo que si admitiera justificaría que yo también soy culpable.

En fin que Sartre plantea que cada uno tiene la responsabilidad de ser feliz o no, y que es una cuestión de elección. Aunque claro, nadie dijo que fuera fácil por lo que se debe buscar la mejor fórmula, tarea difícil cuando no se sabe cómo.

Como dice un amigo mío: ¿Cuántos valientes conoces que sean capaces de admitir que tienen problemas e intentan por todos los medios solucionarlos buscando ayuda o siendo sinceros sin importarles lo que los demás opinen? Casi todos dicen tener huevos para escenificar una conducta ante los demás, pero no para ser honestos consigo mismos.

Se ocultan en apariencias, casi siempre por miedo al qué dirán u opinarán y siguen una forma de vida totalmente destructiva por no rebajar un ego que en realidad ya está condenado y se dirige a la auto-destrucción.


Estamos condenados a ser libres porque quizás sentimos que es una condena tener que esforzarse.




miércoles 3 de septiembre de 2008

La maruja

Hace poco, mientras estaba tumbado en el diván, tuve una conversación muy "anecdótica" con mi psicoanalista.
Hablando acerca de mi relación con los hombres, le comentaba que aún habiendo vivido nueve años de mi vida en pareja, en los últimos tres años he estado sólo pero no del todo. He tenido, digamos que muy buenos amigos con los que mantengo relaciones sexuales pero sin llegar nunca al compromiso. Me he independizado en todo menos en lo sentimental. Vivir sólo no significa siempre ser capaz de estar a solas.

He ido creando un espacio pero en el que aún siento que es imprescindible la presencia de alguien que esté ahí, que me acompañe.

Quiero toda la libertad de un soltero, con sus expectativas, química, fiestas y faltas de compromiso pero también lo que se obtiene de una relación estable, amor y comprensión.

Tarea muy difícil por no decir imposible además de ser totalmente narcisista e infantil al no ser ser capaz de entender al que está a mi lado.
Por eso hoy en día he decidido intentar averiguar y saber de dónde surge esa necesidad constante de estar acompañado a través del psicoanálisis.


Mi psicoanalista: ¿Me está diciendo que toda su vida gira en torno al amor y el sexo?
Yo: Si, realmente si, siempre he dado prioridad a los asuntos del corazón o los de mi polla.
Mi psicoanalista: ¿Aparte de eso ha hecho alguna otra cosa destacable? ¿Un trabajo que le llene? ¿hobbies?¿metas?
Yo: No, realmente no.
Mi psicoanalista: Uhmm, bueno es usted como una maruja ¿no?. Como si viviera en una peluquería y quisiera todo el tiempo hablar de lo orgulloso que está de su marido o amante y de lo que estos le dan, sin tener otras preocupaciones. Su vida es muy similar ¿no?
Yo: ...............

Tras una contestación así, se produjo un breve silencio. Después me estuve riendo desde que salí de su consulta hasta llegar a mi casa.
Claramente tenía razón, me he pasado 35 años de mi vida dando suspiros de alegría y tristeza ante continuos sentimientos amorosos o sexuales.
Aún estoy tratando de asimilar su conclusión y al mismo tiempo reflexionando acerca de como he ocupado todo mi tiempo con estos temas y como me he alejado de otro tipo de aspiraciones.

¿Acaso debemos dedicar toda una vida a buscar pareja o a decidir con quién follar? Pero, ¿no hay nada más? ¿No hay más ocupaciones en las que enfocar la mente? ¿Ser gay es ser como una quinceañera que busca a su principe azul constantemente? ¿Estaré tan ocupado en buscar a alguien que ya no sé ni quién soy y qué quiero? Puede que si, puede que no, pero me llama mucho la atención que no me haya dado cuenta antes, quizás es que no quisiera, ni me interesaba puesto que mi estado me resultaba básicamente más cómodo.

Pero bueno, a veces el humor ayuda a asimilar hechos destacables e importantes de tu vida y que dejan claro como somos.

Ahora tocaría solucionarlos. Ojalá que con el mismo humor.


lunes 18 de agosto de 2008

Mi eco

Yo soy quien decide por tanto el responsable de lo que me ocurra, pase y sienta. Muchas veces dudo, no me lo creo, pero hay circunstancias que me demuestran que mis ánimos varían según me acerco o alejo de quien soy en realidad.

Quiero saber porqué me pasa. Quiero saber para poder cambiar situaciones que no me gustan.

Decido por tanto ser sincero y dejar de mentir(me), mis ideas expresadas en palabras y comportamientos intentarán ser lo más francas posibles.

Si tengo miedos trataré de decirlos, ya sé que es difícil, pero es eso mismo lo que lo hace en si un reto.

Ser es difícil si no se confía en uno mismo, por tanto llegaré hasta donde pueda. La rapidez con que lo haga será equiparable a las ganas que tenga, y el cambio será tan grande como el vacío que sienta deba llenar.

No confío y lo admito pero eso no significa que quiera estancarme y que no haga todo lo posible por tratar de mejorar.

Me cansa repetir cosas que no me gustan, pretender, aparentar, ocultar y hacer creer(me) todo lo que yo no me crea.

El tiempo pasa y quiero moverme, no perder mi tiempo, ni el de nadie, quiero encontrar repuestas preguntándome constantemente lo que busco prestando especial atención a aquellos miedos que estrictamente trate de negar.

Intentaré ante todo entender mis fantasías, no quiero vivir un mundo que no pueda tocar ni ver, porque a veces es más fácil soñar que esforzarse en tener lo que se quiere.

La imaginación puede hacer que te pierdas, haciendo una cosa y deseando al mismo tiempo otra. Por eso quiero traer todos mis sueños a una realidad palpable.

No me siento por fuera como en realidad quiero por dentro y ahora más que nunca estoy harto de quejarme y no hacer nada. Como el que ve herramientas que nunca ha usado y se siente que debe aprender a utilizar.

Quiero ser activo no sólo cuando hablo, follo o huyo de mis responsabilidades.

Me quiero hacer cargo de mi vida y mi eco no para de decírmelo. La semilla está sembrada, ahora sólo falta que germine.

Cre(c)er o no cre(c)er


Para mí, las mentiras son como mecanismo de defensa que nos ayudan muchas veces a no tener que afrontar lo que supondría ser uno mismo y en especial cuando nos exponernos ante los demás.

Si de niños nos costaba el tener que admitir ciertas conductas frente a nuestros padres, de adultos a veces hacemos casi exactamente lo mismo pero lo disfrazamos de respeto
unas veces (lo digo de tal forma que no pueda ofender), otras de ética (por respeto ya que son mayores y no me van a entender o tienen otra cultura o educación) o incluso a través de silencios (me callo y por tanto siento que no miento).

Resistencias al fin y al cabo que evitan entender y afrontar sus motivos. Cuántas veces oímos frases como, no quiero herirlo, tengo que respetarle, soy así y no tengo porque decírselo a nadie, mi madre ha sido muy buena conmigo no se lo merece. Como si el hecho de mentir nos otorgara ya el alivio de tener que justificar quien somos ante alguien por miedo quizás a una reacción suya.

¿Pero podemos sentirnos felices o en paz estando con alguien que nos ve como alguien que en realidad no somos? El autoengaño seguramente aparecería para dar alguna respuesta. "Lo hago por él porque no lo entendería" cuando en realidad es por miedo a una reacción que me duela, por ejemplo.

Ser uno mismo según crecemos en una sociedad tan llevada por las apariencias es difícil por eso callarse o mentir es casi siempre lo más confortable, la herramienta más práctica para evitar protestas cayendo entonces en una espiral de mentiras que va engrosando al mismo tiempo la verdad que oculta. Digamos que la mentira empieza como un juego de niños que nos es útil al ver que podemos evitar un comportamiento en el otro que no nos gusta o nos hace de alguna forma daño. Uno se acostumbra a mentir a tal punto que puede hasta llegar a creerse sus mentiras.

"¿No habrás hecho eso que sabes que no me gusta? " Y decimos no, mientras al mismo tiempo cruzamos los dedos. Supongo que el nivel de vulnerabilidad que cada uno sienta sería equiparable entonces a cuan mentiroso pueda llegar a ser.
Como que nos autoconvencemos pensando: "No quiero que me hagan daño por tanto me construyo en base a distintos niveles de mentira":

Social: La más aceptada.
Hago lo que la mayoría hace a pesar de sentir que no me gusta para evitar complicarme la vida.


Personal:
Compleja dependiendo de cada uno.
No le quiero pero no puedo estar sólo. Lo hago por él cuando en realidad es por no querer arriesgarse a lograr algo propio.

Cultural: Se adquiere casi desde que se nace.
Mis padres son mi familia por tanto le permito todo. A pesar de que realmente no me conocen y opinan e interfieren en mi vida.

Mentiras con las que vivimos nuestro día a día sin que nos perturbe, gracias tal vez a la costumbre. Aunque haya claros síntomas que delatan que uno realmente no siente paz como el malhumor, quejas, odios, angustias y temores porque en el mismo grado en el que miento también ME miento y cuando comprendemos lo que hacemos se producen reacciones que se expresan de algún modo, las enfermedades entre ellas, las exigencias, las decepciones.


Por eso pienso que a pesar de externamente parecer adultos internamente aún nos podemos comportar como niños, porque asusta abandonar conductas que el miedo incita a agarrar lo más fuerte posible ante la incertidumbre de lo que ocurriría sin algún día uno se soltase y fuese realmente uno mismo.
Mentir es fácil quizás para adornar nuestra forma de ser, lo difícil sería entender porqué se hace y lo que implicaría saber la respuesta o motivos que nos lleva a hacerlo.

¿Mentir para protegernos? ¿De qué?




sábado 16 de agosto de 2008

El espantapájaros

Durante mi infancia mientras la mayoría de los niños de mi edad daban patadas a un balón y jugaban, yo recuerdo no tener ganas de hacer nada. No me apetecía ni salir de casa. Me podía pasar horas viendo llover encerrado en el camión aparcado de mi padre, también desde la ventana del cuarto de baño o de ir a la casa de mis vecinos que superaban por aquel entonces los 50 años.

Era un niño raro. Raro y vago.

De adolescente más de lo mismo, mi familia animándome a salir de fiesta, yo sin motivaciones no me sentía ni con ánimos de conocer gente.

Si me mandaban a algún recado o me pedían a hacer cualquier cosa que supusiese mover un dedo, lo sentía como si fuese una condena.

Recuerdo una mañana en el instituto, tendría unos 15 ñaos, en el que alguien había escrito sobre las mesas de cada uno, un aparente comentario despectivo con rotulador antes de que entrásemos a clase.

A unos llamaban maricón a otras puta, yo siendo gay pensaba para mis adentros que tan famosa palabra a mí también me iba a tocar. Pero cual fue mi sorpresa cuando vi escrito sobre mi mesa la palabra espantapájaros.

En ese momento no la entendí del todo sin embargo es ahora cuando siento que en cierta forma habían tenido algo de razón con el símil con el que me habían descrito.

Estar todo el día con la cabeza como ida, pensando en las musarañas y sin decir palabra me da una idea de lo que debían de pensar los que estaban a mi lado. Alguien sin cerebro movido por inercia que observaba y no interactuaba con nadie ni ante nada.
Pero quizás todo poco a poco fue cambiando cuando empecé a cansarme de observar siempre lo mismo. El espantapájaros se aburría con aquel monótono paisaje.

Me ayudó el hecho de tener que desplazarme de isla y de país. Fue difícil, jodido y muchas veces sentí ganas de mandar todo a la mierda y volver, cosa que más de una vez hice, decaí pero como cuando se prueba algo que después necesitas, como es el que te dejen en paz y no te juzguen, el que puedas hacer, equivocarte o no, vivir al fin y al cabo, una vez había cogido impulso, no podía parar. Necesitaba continuamente motivaciones externas que me movilizaron por dentro.

Hoy en día, sigo siendo vago pero en aquellas cosas que no me gustan y que no siento la necesidad de tener que hacer, trabajar por trabajar, hacer ejercicio cuando no me apetezca, esforzarme sin saber los motivos o razones que los motiva. Me movilizo con lo que a priori sienta que me gusta.

Por otro lado, la palabra currante, o trabajador nunca me gustó porque me da la sensación que muchos cubren todo su valioso tiempo en trabajar en vano para evitar afrontar asuntos propios. Mal interpretada puede llevar a graves confusiones. " Es muy buen trabajador" cuando en realidad lo correcto sería decir que trabaja tanto para así no pensar en su propia vida, malgasta su tiempo y se entretiene con el estrés. Yo prefiero trabajar por mi calidad de vida.

Pues eso, que me gustan los espantapájaros porque asustan a pesar de estar inmóviles y están llenos de misterio, o por lo menos eso intentan aunque en el fondo todo el mundo sabe que es sólo una apariencia y que en realidad ayudan a que, por lo menos en cada huerto crezcan cosas que sin ellos sería muy difícil.

martes 29 de julio de 2008

El sentido de lo práctico

Hasta los años noventa en mi casa no hubo jardín.
¿Acaso era necesario con la naturaleza que nos rodeaba?
Recuerdo que los árboles que habían eran, en su mayoría frutales quizás porque el sentido de lo práctico era primordial y mis padres y las generaciones que les precedían habían aprendido el valor de la autosuficiencia después de la guerra y sus carencias. Sólo cosas útiles formaban parte del entorno.

Canarias, como en muchos sitios, había pasado mucho hambre al estar tan aislada y aquello quedó, de alguna forma, impregnado en la mente de todos. Casi no se importaba nada de fuera, influenciando, claro está, a nuestro comportamiento y estilo de vida. Y sobre todo a la necesidad de encontrar formas de poder subsistir. Nuestro instinto de supervivencia se potenció casi sin darnos cuenta.

Ahora que lo pienso detenidamente recuerdo que todo lo que había debía de alguna manera aportar algo puesto que, si era inservible rápidamente se regalaba a quien lo pudiera necesitar o sencillamente se guardaba o no se tenía y punto.

La casa, como la de casi todos los vecinos (incluso aún hoy en día) está rodeada no de cualquier enredadera o planta que dé sombra sino de viñedos que hacen de techo bordeándola y, claro está, dan uvas en verano para comer o hacer vino.
Almendros, durazneros y un gran nisperero eran los árboles más cercanos. Eran sembrados sólo aquellos que pudiesen dar frutos.

Parecía como si todo debiera de tener una utilidad y como si nada fuera en vano o tuviese sólo un sentido estético. Era como un hormiguero donde cada cosa, cada uno tenía su lugar y por tanto su responsabilidad. Incluso nuestro perro era valorado por el número de ratones que era capaz de cazar. Más que mascota era un utensilio. Había salamandras en las paredes que se respetaban puesto que se comían los mosquitos y moscas. Puede que los pájaros enjaulados que habían en la terraza aportaran algo al paisaje en aquel entorno tan práctico aunque, o cantaban o eran bonitos, sino, no creo que hubiesen estado.

De nada servía convencerles de sembrar algún árbol sin más que no diera frutos "¿para qué?" solía decir mi abuela, "si no dan nada". Lo primero que se sembró, en lo que ahora es un jardín, fueron dos palmeras, a mi madre le costó convencerla.

Había rincones en los que mi madre tenía sus plantas pero el agua era administrada, aprovechaba a regarlas cuando mi padre no estaba para que no le controlara la cantidad que pudiese malgastar, era casi sentido como un delito el que no fuese usada sólo para aquello que era esencial, por eso cada casa debía tener un tanque donde conservar la que caía del cielo. Había sequías y había que prevenir.

Aún recuerdo a mi abuela poniendo bidones bajo los chorros que caían de los conductores que sobresalían del techo cada vez que llovía para después utilizarla en lo que pudiese hacer falta.

Puede que la generación de mis padres empezara poco a poco a añadir elementos estéticos a un entorno tan estrictamente práctico. El concepto "por que si" era prácticamente inaceptable. Aunque la de mi abuela era aún más severa, según nos contaba, a tal punto que nada se tiraba, la ropa se guardaba en baúles y todo lo que parecía que no servía en ese momento se almacenaba. También kilos y kilos de gofio, azúcar o harina se guardaban en grandes cofres de madera. Las neveras rotas recuerdo verlas usadas como armarios. Muchos maceteros hechos de latas de aceite. Incluso entre familiares, vecinos o los amigos de mis padres se intercambiaban objetos que pudieran servir a otros, puertas usadas, ropa, camas, cualquier cosa que pudieran volver a utilizar. El reciclaje era tan normal que era difícil que se tirara nada.

Como no había recogida de basura como ahora, cada casa tenía un punto en alguna parte de su terreno donde quemar aquello que ya no servía, cartones, objetos rotos, basura. Pero mi abuela no podía ver como por ejemplo quemaban ropa usada o trastos ya inservibles porque le parecía que podría haber una nueva guerra y pudiésemos necesitarlos.

Era gracioso ver como mis hermanos la convencían o sino engañaban para no tener que aguantar sus disgustos y quejas cada vez que veía el humo de una hoguera. No dejaban que se acercara para ver qué se quemaba. Después cuando se reunía con las vecinas debatían sobre como era posible que se deshicieran de aquellas cosas.

La comida que sobraba tampoco se tiraba sino que alimentaba a los cerdos que, claro está tras unos meses, nos zampábamos en alguna celebración. El cerdo era quizás el animal más apreciado, comía lo que nos sobraba y a sus vez nos servía de alimento.
Mis padres poco a poco fueron abriendo nuevos caminos a tantas restricciones, y ya mis hermanos mayores a su vez también iban aportando más confort a sus estilos de vida. El consumismo se iba haciendo más fácil. Digamos que del término "nuestro" poco a poco se iba pasando más al de "mío", con lo que cada uno podía entonces sentir como propio sin tener que compartirlo o disfrutarlo "por que si". A tal punto que ya hay jardines y elementos estéticos como piscinas para el verano (gastar agua para después tomar el sol era algo impensable antes) o despensas llenas de productos de todo tipo. Las posibilidades y opciones de decidir aumentaban en todos los aspectos.
Pero, y curiosamente, puede que incluso ahora lleguemos al otro lado de la balanza puesto que ya casi ni se recicla y hay tantos alimentos que la obesidad es uno de los principales problemas que tenemos, así como el exceso de basura por todo lo que se consume.
Veo la generación de mis sobrinos, con su facilidades y la comparo con las de mis abuelos, y sus carencias y parece que los separan ciclos en vez de años. Me siento como si estuviese en medio de lo mucho y lo poco. Mis padres tenían las manos llenas de callos de tanto trabajar ahora yo las tengo pero de ir al gimnasio.

Y reflexionando sobre este asunto me doy cuenta que gracias a lo que he aprendido de ellos ahora intento ver en todo lo estético un sentido práctico porque ambas cosas no tienen porque estar separadas. Ver como se consume sin reflexionar sobre lo que nos aporta puede llegar a ser tan malo como no poder tenerlo. ¿Acaso muchas veces no queremos tener algo sólo por intentar cubrir un vacío que sentimos que lo material pueda llenar?

Quizás, y ahora que podemos, sea el momento de reflexionar sobre ello porque no creo que vivir sea sólo consumir y adquirir sin, por lo menos, darle un sentido.

lunes 7 de abril de 2008

Mi cuna



Vivo en una cuna que he tratado de construir lo mejor que he podido y en la que me siento muy cómodo puesto que en ella tengo todo lo que creo, por ahora, necesito.

Me protejo con una gruesa manta a la que llamo mi pareja, mi amor. Antes de pequeño, mi manta era mi familia pero cuando descubrí lo que me aporta el sexo decidí sustituirla por otra aún mejor,una pareja.

Probé varias, cada una más gruesa o más suave que la anterior hasta que encontré la más adecuada. Además soy tan lindo que no fue muy difícil conseguir la apropiada, todo cubierto de musculitos y con una piel que trato de cuidar para no perder oportunidades.

Y es que con ella, mi mantita, me siento tan seguro que casi no siento frío. Me arropa tan fuertemente que lo externo ni me afecta. Me cubre por completo, me aporta seguridad, confort y me aisla de lo cruel que parece el mundo exterior.

Su grosor me impide escuchar lo que creo que no necesito oír y me calienta lo suficiente para dormir tranquilo.

Tengo varias almohadas y juguetes, es decir, amigos, en los que apoyo mi cabeza o con los que juego, y dejo que susurren a mi consciencia lo mucho que me merezco que me cuiden, cuan sensible soy y cuantos cuidados necesito ante la fragilidad con la que estoy construido. Si no es cómoda y no me dice lo que quiero escuchar fácilmente la cambio.

Duermo muchas horas para disfrutar de mis sueños. Puesto que mi cuna es muy limitada, con simples juguetes que a la larga me aburren, intento soñar para adornar esta continua monotonía que el día a día llega a tener. Fantasear ayuda a no aburrirte, se puede hacer hasta estando despierto.

Desde mi cuna he visto cosas que me aterrorizan, una vez me sacaron de ella y me pusieron en el suelo, sentí su frialdad, mis piernas y brazos sintieron escalofríos. Encima pretendían que caminara con sólo mis piernas ¿están locos? ¡Son unos egoístas! Me di un golpe que me causó mucho dolor, aún lo recuerdo, ¡son tan crueles estos adultos! No pienso volver a intentarlo.

Empecé a llorar para hacerles entender lo incómodo y doloroso que aquello parecía. ¿Acaso pretenden que aprenda a andar por mi mismo? ¿Para qué?

Por eso, prefiero dormir entre la seguridad que obtengo entre mis barrotes.

También he descubierto lo que llama la atención el que estés enfermo (como soy tan sensible). En momentos así, eres el centro de atención y parece que los cuidados se multiplican. Lo tendré en cuenta. Además lo incómodo siempre se soluciona con un berrinche. Te hacen más caso. El tono de exigencia de mis lloros les hará entender que el esfuerzo no es lo mío. Qué me cuiden y dejen de exigirme ¿no? Sólo yo tengo derecho a hacerlo.

Mi cuna es mi refugio, no me ha sido muy difícil construir, se necesita tiempo y ganas de no querer tener que abandonar ese confort que la infancia nos aporta y que el destino parece querer quitarnos.

Invito a que entre en ella quién yo decida y que nadie haga o diga lo que no quiera oír porque al fin y a la cabo la comodidad que me da no dejaré que me la quiten bajo ningún concepto.

No me interesa crecer porque lo cómodo me da más placer. Y soñar siempre puede ser mejor que hacer. Tiene menos riesgos.

La responsabilidad y el esfuerzo se lo dejo a aquellos que quieran ser adultos. Yo, por ahora, prefiero la tranquilidad que me da mi pequeño y limitado espacio.


domingo 23 de marzo de 2008

El poder de las apariencias


Ser médico en un pequeño pueblo te puede dar muchísimo poder y autoridad.

Quizás tanta como la del alcalde, cura o policía. Como si al ir a la facultad no sólo se obtuviese un título sino también una capacidad para poder ejercer poder y control ante y sobre los demás.

La gente en general tiende a pensar que lo que diga, su palabra, es lo suficientemente importante como para anular cualquier opinión que se atreva a llevarle la contraria. Más aún si el pueblo en si, está lleno de ignorancia y falta de criterio.

Un día, cuando tendría unos 7 años, recuerdo que estaba enfermo.

Mis padres no podían llevarme al médico y decidieron enviar a mi hermana conmigo para que me acompañara a la consulta del médico de cabecera. Ella tendría por aquel entonces unos 17 años. La tarea no parecía nada compleja sobre todo porque la situación no parecía de gravedad.

Llegamos a la consulta, que no estaba lejos de casa y esperamos pacientemente.

Pasados unos minutos y rodeados de gente llegó nuestro turno. Una señora nos llamó para que entrásemos al despacho del médico.

Allí, sentado y tras su mesa, nos llamó la atención que ni siquiera nos mirase a la cara. Nos preguntó, simplemente con su cabeza agachada, el motivo de nuestra visita.

Mi hermana le explicó mis síntomas al mismo tiempo que él escribía sobre papel lo que supongo era una receta.

“Que se tome esto”, dijo, sin más. Dando, en apariencia, por concluida su labor. Unos breves segundos parecían suficientes para saber cómo curarme.

Ante aquella conducta, mi hermana reaccionó, preguntándole sino pensaba hacerme un chequeo. Tomarme la temperatura o comprobar mi estado físico. En ningún momento le faltó el respeto y no recuerdo un mal tono por su parte.

Como sintiéndose atacado, se levantó de su mesa y empezó a insultar a mi hermana con mucha ira, enojado, diciendo que quien se creía que era. Como era posible que no le respetase y si estaba atreviendo a decirle como debía hacer su trabajo.

Para colmo, abrió la puerta de aquel despacho y empezó a gritar a los que esperaban en la consulta el supuesto atrevimiento de mi hermana.

¡Ven a esta chica, me está diciendo lo que tengo que hacer!. ¡Menuda sinvergüenza!

Nos echó de allí, literalmente, a patadas.

A continuación, mi hermana y yo nos fuimos sin nadie que nos defendiera, es más, recuerdo ver a varias señoras asintiendo con la cabeza ante las palabras de aquel enfadado médico, como dando su aprobación.

Imaginar a dos niños tratando de esquivar aquella situación es triste de imaginar.

Y más aún con miradas acusadoras a las que mi hermana se tuvo que someter y los comentarios que tuvo que aguantar después de aquello.

Tampoco mi madre pudo ser capaz de entenderla. Haberse enfrentado a un médico parecía demasiado para ella. Cuando en realidad debería haberse enorgullecido de una hija que parecía no tener miedo ni tan siquiera a la autoridad que representaba el “medico del pueblo”.

Demasiado rebelde, violenta, y complicada, eran los adjetivos más suaves que llegaban a los oídos de mi familia

Llama la atención como el entorno, la gente de aquel pueblo nunca trató de valorar justamente lo que aquel médico había hecho. El derecho a juzgar y a atacar sin control sabiendo la autoridad que ejercía, no sólo como adulto sino también como médico.

Da miedo pensar como una masa ignorante puede llegar a ser dominada por alguien que simplemente ha conseguido un título. Y lo que es peor, que nadie hiciera lo más mínimo para limitar su actitud.

Por eso pienso que siempre es tan culpable el que injustamente acusa como aquellos que defienden su palabra y no hacen nada para evitarlo.

Y planteo entonces una cuestión, reflexionando a raíz de este tema:

¿El radio de poder de autoridad de alguien no llegará hasta allí donde el pueblo, el entorno se lo consienta?

¿No es tan culpable el que hace como aquellos que se lo permiten?

Nadie tiene derecho a atacar a otra persona sin motivos y más aún cuando sabe que éstos ni tan siquiera se pueden defender.

jueves 20 de marzo de 2008

Permanecer a la espera


Busco una pareja que llene un vacío que me niego a tratar de entender.

Busco un trabajo en el que me mantenga tan ocupado que no tenga que hacerme cargo de mis asuntos personales.

Busco compasión para alimentar mi incapacidad de enfrentarme a mis miedos.

Busco culpables para sostener mis decepciones.

Busco que me ayudes a no tener que hacerme cargo de mi vida.

Busco follar, drogarme o distintas formas y maneras de mantenerme alejado de todo lo que suponga un esfuerzo mental, físico y que no me haga responsable de mi vida.

Busco no tener que oír esa voz interna que me dice que crezca de una puta vez.

Busco un entorno que no me diga lo que intuyo sino todo lo contrario. Que me adule, que me entretenga e incluso que me haga sentir superior y así al verlos, recordar que mi vida podría ir peor.

Busco no entender sino lo básico porque lo complejo conlleva un esfuerzo.

Busco en el historial de mi vida todo aquello que no me haga responsable y que reafirme mi comportamiento.

Busco compañía a los que llamaré amigos.

Busco que me cuiden por la comodidad que sé que me aporta.

Busco llamar la atención en la misma proporción en la que me sienta sólo.

Busco lo que no soy y no tengo, a un hombre de verdad.

Busco.

Buscas.

Busca.

Buscamos.

Buscáis.

Buscan.

domingo 9 de marzo de 2008

Folla con tu vida


Follar sin culpa, sin tener que pensar en otra cosa que no sea disfrutar.

Follar apartando el amor dejando sólo al deseo. Para quizás poder sentir alivio tras hacerlo, dejando atrás todo aquello que te preocupa y te estanca. Hacer y punto, sin tener que responder a ningún por qué que no sea tuyo. Quieres y lo haces, nada más. ¿Quién te lo prohíbe? Trata de disfrutar sin condimentos por un instante.

Deja que el placer de descubrir o exteriorizar tus placeres te recuerden que la vida está llena de miles de formas de liberarse. Follar podría ser una más, no lo olvides, entre muchas.

Sin olvidar nunca que tú eres lo que haces y lo que tienes. Desnudarse no sólo de cuerpo sino también de ideas. Dejar atrás estúpidos prejuicios y poder controlar tus emociones no sólo antes sino también mientras y después de.

Ser consecuente es importante para entender que lo que hagas arrastra a tu entorno. Presionar un botón en tu interior que te encienda y te exponga moviliza no sólo tus genitales sino también tu forma de vida. Folla sin mirar atrás, y recuerda que para ello necesitas sentir que quieres realmente hacerlo y nunca obligarte.

Disfrutar sin recordar nada, a nadie, con la mente en blanco, dejándote llevar, limpiar tu mente a base de gemidos, saliva, sabores y fluidos. No ver al otro como a tu libertador, un posible amante, amigo o novio sino como si fuera la mano que te masturba o como la arcilla con la que construyes tu fantasía ahora materializada.

Sentirlo sin esperar nada del acompañante, sólo de ti mismo, sacando fuera represiones, histerias y vergüenzas usando el placer de la carne con su tacto como terapia. Vaciar tu vida de ideas establecidas que te oprimen y limitan sin motivos ni justificaciones. Prueba primero para saber si son ciertas.

Nunca olvidando que la culpa podría venir a recordarte que quizás no estás preparado y que una cosa es vicio y otra una profunda necesidad de liberarse. Ver el sexo como una herramienta más para pulir lo que realmente eres.

No hables simplemente hazlo, por lo menos intenta saber lo que escondes si te sientes frustrado. Simboliza y actúa. No te arrepientas simplemente no repitas. Lo has probado y ahora sabes lo que significa poder descartar.

Opinar, indagar, imaginar son posibilidades no hechos. Penetra más allá de tus problemas, desvirga tus miedos, suda tu culpa y copula con tus fantasías. Besa lo que quieras, dejando que tu egoísmo salga entre sábanas y condones. Imagina que tus fluidos son todos tus miedos y observa como con placer los sacas y que una vez fuera ya, en parte, no son tuyos.

No hagas al otro, háztelo a ti mismo a través de él, pensando en ti para primero poder conocerte y deja que el otro haga lo mismo consigo mismo, contigo. Ambos juntos serían más sinceros con lo que cada uno quiere.

El placer lo encuentras porque se está receptivo mientras te complaces. El otro tan sólo coincide con la tecla que te hace vibrar porque la has expuesto y al mismo tiempo tú con la suya porque quieres tocarla para satisfacerte. Coincidir sería una demostración y el logro de que ambos encuentran lo que buscan.

Folla con aquello que te gusta, trasládalo a tu mente, a tu vida, a tu entorno. Después, juzga porque lo has vivido, opina porque sabes lo que se siente, imagina porque lo estás recordando.

Aprender a separar y a unir amor y placer a tu antojo es algo que cuesta entender y que sin práctica no se comprendería nunca, sobre todo cuando se prohibe tanto entre reglas que censuran y nos paralizan.

Así que, folla con tu vida, e intenta que en tu mente cada día se produzca por lo menos un orgasmo.


miércoles 27 de febrero de 2008

El ciruelo


En el huerto de mi casa había un ciruelo.

Cada vez que florecía llamaba mucho la atención puesto que un manto entre blanco y rosa lo cubría. Visualmente destacaba puesto que el entorno era verde, en su mayoría.

Era curioso observar como si el aire frío y del norte golpeaba fuertemente sus flores, éstas ni se se inmutaban, no se movían, pero si era algo cálido o del sur aunque fuera una ligera brisa, inmediatamente se desprendían de sus ramas con mucha facilidad como si la temperatura del aire más que la fuerza tuviesen que ver en la resistencia de las mismas.

También recuerdo ver a veces una fina capa de ellas sobre el agua del estanque que había al lado. Un estanque en el que se almacenaba tan apreciado elemento y con el que se regaba la huerta que lo colindaba.

Ambos y juntos, creaban la escena perfecta para inmortalizar en una postal. Merecía la pena verlo.

Pero había un dato muy curioso y es que aquel ciruelo nunca daba ciruelas. A pesar de tener muchas flores como presagio de muchos frutos, de tener un porte saludable, sin hongos o pulgones que le afectaran, ninguna ciruela colgó nunca de sus ramas.

Se esperó durante muchos años algún resultado tras tantas flores y si no pensábamos que el siguiente año sería diferente. Pero no era así, sólo crecían su tronco y sus ramas, siendo cada vez visiblemente más grande.

Y pasaron los años.

Había hasta debates en mi familia sobre este asunto. Nunca se supo el motivo por el que sus brotes no germinaban nunca en ciruelas. Tras ellas, sólo hojas y ramas, nada más.

Mi madre se conformaba con tenerlo allí y disfrutar de lo bonito que se ponía aunque sólo fuera una vez al año. No le importaba que no diera ciruelas, le bastaba con admirarlo. Además siempre las podría comer de otro frutal.

Sin embargo mi hermano lo venía de otra forma, puesto que pensaba que sus raíces dañarían al estanque que tenía al lado. Agrietaría por su culpa sus paredes haciendo después que por ahí se filtrara el agua que debía almacenar.

Se planteó durante mucho tiempo, el hecho de si se debía o no cortar aquel ciruelo.

¿Dejarlo allí y disfrutar de él aunque no diera frutos? o ¿cortarlo para evitar daños en el estanque que tenía al lado?

Tras un tiempo, me trasladé a vivir fuera. Olvidándome casi del tema.

Un día, regresé para pasar unos días con mis padres, y me di cuenta que había algo diferente en el entorno de aquel huerto. Como si algo hubiese cambiado y no supiese lo qué era. Observé detenidamente y vi el estanque. Fue cuando advertí que el ciruelo ya no estaba a su lado.

Había sido cortado y quedaba sólo su tronco, ya seco, asomando de la tierra. Dónde antes había sombra ahora el sol daba de lleno. Estaba todo cubierto de hierba y matojos salvajes.

Y sentí mucha rabia al ver aquello. Porque cuesta entender como lo práctico en muchas ocasiones se antepone a lo estético. Y más rabia aún sabiendo que el estanque nunca mostró pruebas de sufrir ninguna fisura por culpa de aquel aparente inútil y poco productivo ciruelo.

No haber cumplido con su impuesta labor fue lo que le condenó, a pesar de ser el único que daba color a un huerto, que encima en estos días está casi abandonado.
Lo bonito de nada sirve sino crece en el entorno adecuado.


sábado 23 de febrero de 2008

Ola de imprevistos

Los imprevistos son como sorpresas en distintos grados. Sus consecuencias en ocasiones se recuerdan con el paso del tiempo, más aún cuando te marcan y te hacen reflexionar sobre tu destino. Durante una vida ocurren muchos y a veces se juntan varios en un pequeño intervalo.

Hace unos años estaba con Germán, mi novio de aquel entonces en una playa en Tenerife. Era invierno, el sol y la temperatura acompañaban, no el mar que estaba muy revuelto y en el que era imposible bañarse. No había grandes olas sólo estaba muy alborotado y con fuertes corrientes.

Lo único que podías hacer era usar las duchas instaladas en la playa y tumbarte a disfrutar del sol. O pasear por la playa y respirar aquel olor a salitre que el mar desprendía.

Esa fue mi opción, me dediqué a dar una vuelta entre la espuma del mar mientras Germán se dedicaba a tomar el sol tumbado en su toalla.

No era una playa muy grande, ambos extremos se veían. No había mucha gente y yo era el único que andaba por la orilla.

Y así, tras pasear un rato, me giré hacia la playa, observando a la gente y el paisaje, y dejando también que el sol me diera de lleno en la cara, dándole la espalda al mar.

Fue entonces cuando, sin avisar, una fuerte pared de agua me golpeó por detrás, tanta era, que si antes el agua me llegaba por las rodillas en aquel momento me llegó a media cintura. Me tambaleé sin caerme y traté de mantener el equilibrio, al mismo tiempo veía como el agua subía hasta donde estaba la gente y podía observar como una a una iban despareciendo bajo ella sin casi darles tiempo a apartarse. Durante segundos la playa desapareció y todo quedó cubierto de agua. No recuerdo sonido alguno porque fue todo tan rápido que casi nadie pudo reaccionar. Me sorprendió tanto que me quedé sordo y paralizado.

Tras unos segundos el mar regresó a su sitio y con él, también toallas, ropa, mochilas y sandalias. Todas las pertenencias de los que allí estaban.

Yo, tratando de agarrar el mayor número de cosas posibles, me dediqué a evitar que el mar se las llevara. Todo era confuso y al mismo tiempo extraño.

Móviles ahora inservibles, llaves de coche y casas extraviadas, un caos, que unido al susto de todos hizo que pareciera el escenario tras el paso de un tormenta.

Tras aquella sorpresa ambos regresamos a mi casa, con todo empapado, Germán pudo encontrar sus gafas por suerte entre la arena pero lo curioso es que se le rompieron en casa porque se cayeron de la mesa de noche. Tuvo que usar lentillas porque no tenía unas de repuesto allí.

Decidimos esperar al día siguiente, se quedaría conmigo y de camino yo me iría al aeropuerto para pasar una semana en La Palma, otra isla, junto a mis padres.

Pero al día siguiente al dejarlo en la puerta de su casa su hermano vino a darle una mala noticia, su abuela había muerto la tarde anterior y no entendían como no respondíamos al teléfono. Pero, claro, ellos no sabían que los móviles no servían tras el paso de la ola, ni dónde yo vivía. Llevábamos poco tiempo juntos y no sabían casi nada sobre mí. Preocupados nos explicaron como se habían pasado la noche pendientes de localizarnos. Estaban ya listo para irse al entierro.

Más llamativo aún fue que aquel día Germán y su familia vinieron conmigo en el mismo avión a La Palma para acudir al funeral, su abuela vivía allí, otro dato que yo no sabía. Coincidimos en el vuelo, misma hora, a pesar de que sale un avión casi cada hora y media.

Y así, las sorpresas y lo impredecible probaron aquel día que también éstas pueden ocurrir en cadena. Y es que los días así no se olvidan fácilmente y más cuando tantas olas te golpean de una forma tan seguida en tan poco tiempo.

El destino te da a veces momentos que se graban en tu memoria, quizás para que no olvidemos nunca que vivimos en un mar lleno de opciones y que no todas las elegimos. Y es que, al fin y al cabo, vivir es como aprender a nadar, una vez sabes hacerlo comprendes que existe todo un océano ahí fuera por descubrir. Aprender a reaccionar es muy importante para evitar ahogarse.


Por cierto el nombre de la playa donde ocurrió todo esto es "El socorro" (la de la foto) una palabra que rondó nuestra cabeza muchas veces aquel día.


martes 19 de febrero de 2008

¿Somos lo que decimos?


No creo en el amor a primera vista, en todo caso creería en el “deseo a primera vista”. ¿Cómo se puede uno enamorar de alguien a quién no conoce?

En todo caso sería deseo, empujado por las ganas de encontrar a alguien que cubra una necesidad interna de sentir aquello que estemos buscando en ese momento. La sensación de amor que se siente por el recién (des)conocido reflejaría nuestro nivel de carencia creyendo que esa persona lo cubre. Confundimos entonces amor con una apetencia cubierta de forma momentánea. Una necesidad, al fin y al cabo.

Es como saciar el hambre. Previamente, el corazón junto a nuestros sentidos están hambrientos de estímulos que lo llenen. El sabor de lo que pruebas lo sientes con mayor placer e intensidad y acorde con el vacío interno que sientas. A mayor necesidad, más fácilmente nos enamoraríamos. Lo que ocurre es que ese hambre no terminará ahí porque buscará contínuamente ser cubierto. Comprender los motivos de ese vacío sería importante, para no repetirlo.

Enamorarse sin conocer a alguien pienso que no es posible porque el amor está unido al tiempo. Intercambiar, construir vidas en común es amor. Sentirlo por alguien conlleva compartir experiencias juntos. Nada más conocer a alguien tendemos a idealizarlo y vivimos en un cúmulo de incertidumbres esperando que el aparente enamorado cumpla nuestras expectativas y nosotros las suyas. El tiempo y el amor van unidos, lo demás son idealizaciones basadas en nuestra necesidades.

Por otro lado, un amigo me dijo algo que me ha hecho también reflexionar mucho y es que mucha gente dice ser lo que tiene y se describen a sí mismos como aquello que adquieren y poseen construyendo su persona, su yo en base a ello. Como si confundieran los términos y los usaran lanzando mensajes de lo que son sin ser conscientes,tal vez, de lo que dice de ellos.

Decir cosas como soy seropositivo en vez de tengo VIH, soy diabético en vez de tengo diabetes, en lo laboral lo mismo, soy médico, soy operador, soy ama de casa antes de trabajo como médico, etc. Añaden la enfermedad o profesión como forma para definirse diciendo que son ellas. ¿Eres lo que trabajas? ¿Eres tu enfermedad? .Entonces, ¿el ser se construye con aquello que elegimos o tenemos? Ser y tener son términos muy distintos pero los usamos creo que de forma errónea.
Largo tema para reflexionar y debatir. Quizás podríamos deducir mucha más información interpretando las palabras que uno usa más habitualmente para definirse. La frecuencia con que las usemos equivaldrá entonces a lo importante que sean y como de incrustada están en nosotros.

Yo soy o yo tengo, yo me enamoro o yo deseo, quiero o necesito, creo, pienso o sé, oigo o escucho. El poder de la palabra puede parecer complejo equivalente a la fuerza y forma con el que se exprese, pero es posible interpretarlo. ¿Cómo? eso dependerá de cada uno, para empezar la reflexión ayudaría.

Muchos no dicen nada a pesar de hablar mucho, otros dicen con sus silencios más de lo imaginan.
Hablar por hablar es fácil hasta que te das cuenta que las palabras que has elegido para hacerlo están diciendo en parte quién eres. Lo malo es cuando lo hacemos sin percatarnos de lo importante que es eligir aquella que realmente nos defina para que puedan llegar a conocernos de la forma más clara.

Por ejemplo decir: "Te quiero" a alguien me recuerda mucho a "quiero que", como si esperásemos algo del otro a cambio (sobre todo si le quitamos el "te"), por eso prefiero decir te amo, lo encuentro más cercano al amor de verdad.

No quiero nada del que amo, sólo que sea (y no lo que tenga).



miércoles 13 de febrero de 2008

De opciones y decisiones


Vivir en el campo, entre plataneras y rodeado de mar, en una pequeña una isla apartada del mundo puede hacer que los niveles de percepción de tus sentidos se multipliquen a tal punto que a veces imaginación y realidad se entremezclen y hagan que algo tan simple como ver un avión o helicóptero pasar por un cielo por el que normalmente sólo pasan pájaros, fuera todo un acontecimiento. El ruido te hacía salir a la calle para ver de donde procedía aquel sonido.

Y es que el cerebro tiende a buscar emociones aunque sean simples. Sobre todo cuando no ocurren muchas cosas en el entorno en el que vives y la monotonía es continua y forma parte del paisaje.

Lo que era presente en ciudades, allí era aún pasado. Una isla, que no sólo estaba aislada por el mar sino también de muchos sucesos.

El tiempo pasaba lento, muy lento y si eras joven con imaginación, inquietudes y con ganas de aprender de tu entorno, lo único que podías hacer era, por ejemplo, pinchar cactus como nosotros, con jeringas llenas de agua para ver cuanto se hinchaban y aguantaban sin romper, escupir la parte caliente de una plancha para formar bolitas de saliva, o jugar al fútbol en una carretera con porterías formadas con dos piedras, en la que pasaban tan pocos coches que a veces ni teníamos que movernos.

El aburrimiento era el principal enemigo a evitar. No había cines y en la televisión sólo se veía una cadena. Las montañas evitaban que la frecuencia de las demás llegara. En ella veías cosas que sabías nunca podrías tocar tan fácilmente, ¿trenes? ¿edificicios de más de diez plantas? ¿autopistas?. Sonaba a futurista y lejano.

Usabas los ascensores como formas de entretenimiento, subíamos y bajábamos como si fuera una atracción de feria, hasta que algún vecino nos pillara, claro. Utilizábamos los neumáticos de los camiones para revolcarnos en las olas. Las cuestas de empinadas carreteras como circuitos para carros hechos de trozos de madera con rodillos. Hacíamos dentro de tanques sin agua, casas del terror, fuertes y refugios. También, casetas sobre árboles e higueras, o cajas de cartón con las que construíamos ciudades en miniatura a las que después prendíamos fuego simulando un incendio.

Todo esto hacía que el sentido de lo práctico se potenciara, si algo no se podía conseguir te lo imaginabas y lo intentabas recrear de la mejor forma posible.

Independientemente de si fuera malo o bueno el tener tan pocas opciones, imaginar y poner en práctica era esencial para no aburrirse. Tenías que intentarlo porque sino el entorno te absorbía con su monotonía.

Vivir en una isla parece un lugar idóneo para ser feliz y estar cómodo, sin aparentes peligros, no lo dudo pero un buen clima, tranquilidad, el mar siempre cerca no es suficiente para entretener a la curiosidad. ¿De qué sirve lo bonito si no se tiene opciones en las que agarrarte para distraerse y divertirse?

Porque allí, un buen amigo era eso, “uno” porque no había más donde elegir. Tus hermanos eran también compañeros de juegos. Y donde tu comportamiento estaba muy condicionado por cómo afectaba al resto. Lo privado se limitaba a silenciarlo porque decir o hacer algo diferente suponía sentir que todo el mundo se enteraría y por tanto te enfrentabas a ser juzgado. Era como vivir entre fichas de dominó, tocar una parecía que afectaba al resto.

Ahora, en el presente, supongo que vivir en una ciudad con sus miles de opciones hace que las formas de aburrimiento se trasladen a otros asuntos, y es que creo que no depende sólo del entorno en el que vivas lo que hace que tu vida sea mejor o peor sino la forma en que lo percibas. Decidir qué hacer con tu vida dependerá mucho de cómo traduzcas lo que te rodea.

Y sin imaginación todo resultaría demasiado monótono ¿no?




domingo 10 de febrero de 2008

Pasen y vean

Pareciera ser que para ser actor no hace falta forzarse mucho en estudiarlo, porque puedes haber empezado ya a serlo desde hacía mucho tiempo. Desde muy pequeño haber aprendido técnicas y con el tiempo haberlas perfeccionado con tus formas de conducta.

Las prácticas las haces mientras vives, interactúas, te mueves y te comunicas con el mundo sin necesidad de escenarios.

Sonríes cuando te gustaría mandar a la mierda a alguien, dices te quiero cuando en realidad no lo sientes, y te muestras vulnerable, desesperado buscando pareja o amigos cuando en realidad necesitas compañía porque te sientes sólo. Tonos de voz, gestos, posturas, comportamientos como utensilios para obtener lo que te propongas y que creas que necesitas. No es difícil y el cumplir años nos ayuda a saber qué técnica debemos utilizar.

Muchas veces decimos "lo siento" a alguien y en realidad queremos decir: “Me alegro y te jodes” añadiendo una sonrisa interior que no mostramos. Otras usamos el silencio como forma de evitar un conflicto.

¿Cuántas veces sientes una cosa que expresas de otra forma para no hacer daño? Se puede estar llorando y por dentro estar pendiente de quién te mira. Lo que vemos es muy relativo y tendemos a juzgar con los ojos. Puedes creer que alguien sientes que es bueno y en realidad actúa.

Un actor necesita hacer creer al otro algo, utiliza técnicas que manipulen a los de su entorno para obtener a cambio lo que necesita. Si te enfadas y observas que hay reacciones podrás aprender a utilizarlas cada vez que te interese. También puedes querer tener una realidad e intentar por todos los medios crearla, negando cosas obvias, no admitirlas e ignorarlas para así hacerlas invisibles. Es como en el caso de admitir ser gay pero no decirlo por miedo a cómo mi pequeño universo reaccione. Me oculto en ser reservado cuando en realidad me es más fácil aparentar y ser lo que otros quieran, preferible a “ser” uno mismo.

Sientes que no tienes porque decirle al mundo como es tu vida pero después traspasas tu secretismo a todo lo que haces, resumiendo tus conversaciones ante los demás en sencillas frases construidas que no den pistas al otro. No digo, no sabrán y por tanto me mantendré al margen. Negando el entorno y por tanto a ti mismo. Vivir limitado te lleva a una vida limitada porque no traspasarás aquello que suponga una aparente reacción negativa en los demás.

Como si vivir en un mundo en el hay que ser perfecto y no admitir errores parece que es lo principal, ser el mejor y sino aparentarlo. La meta es destacar en aquello que lo que nos rodea crea conveniente o así lo parece. En el que importa más una opinión ajena que la propia.

En el que se acepta al que sufre por pena, sin profundizar en lo que hace, en el que alguien es bueno si calla sus virtudes y alardea sus defectos y desgracias, en el que si eres sincero expresando lo que ves te rechazan pero si dices lo que quieren oír, te aceptan. En el que ser bueno significa sufrir y pregonarlo. Si alguien dice algo incómodo es cruel pero los que maldicen por dentro pasan desapercibidos porque no se les oye.

Actuando tendemos a imitar al de al lado, al que vemos, nos gusta, o creamos conveniente. Y así uno a uno, el escenario se llena de actores que interpretan los mismos papeles. Copias de escenas que se repiten una tras otras.

La mayoría de ellos son fáciles interpretaciones donde ser hipócrita parece ser el guión más importante, decir aquello que en el otro suene agradable independientemente de que sea cierto o no. Y los que dicen lo que piensan sin utilizar filtros son los que menos destacan o los que casi nadie escucha porque muestran una realidad que no quieren ver ni oir.

Actores con sus disfraces de buena persona, de valiente, de independiente, de trabajador, de educado que ocultan en realidad personalidades diferentes y que tratan mantenerse en escena el mayor tiempo posible para obtener una atención que sienten que necesitan.
La vida es un gran escenario, con un público que supongo espera ser entretenido. Pero ¿no aburre ver una obra en la que los actores siempre hacen lo mismo?


martes 5 de febrero de 2008

El ejemplo del almendro



Nací en un pueblo lleno de almendros. Todos los meses de septiembre teníamos que reunirnos la familia al completo y pasarnos el día entero recogiéndolas, era un trabajo muy pesado y casi siempre estábamos de mal humor porque estar agachado y haciendo siempre lo mismo hacía que tu cabeza se saturara de aburrimiento y cansancio.
Día tras día, almendro tras almendro, íbamos llenando sacos y sacos que después eran vendidos o guardados para utilizar en casa. Recuerdo que no parábamos de hablar y que siempre te quedabas con esa sensación de que aquello nunca terminaría. Era un trabajo pesado, nosotros jóvenes, no queríamos hacer nada, sólo vaguear con nuestras cosas.

Entre tanto almendro había algunos que no se tocaban.

Si probabas alguna de sus almendras sabías por lo que era. Eran almendras amargas. Probar una hacía que tu cara se encogiera, y que empezaras a escupir para sacar aquel horrible sabor de tu boca.

Algunas veces hacíamos bromas con ellas, ofrecíamos algunas a un amigo y después te morías de risa en ver como reaccionaba. Se la dábamos incluso a nuestro perro, Toby, era gracioso verle hacer muecas y gestos desesperados tratando de expulsarla. Los niños hacen cosas crueles, pero sabíamos que era algo inofensivo.

Llamaba la atención que a pesar de que aún siendo árboles amargos y por tanto inservibles en un entorno donde ser útil era lo primordial, los dejaran crecer y que no fueran cortados o sustituidos por otros.

Supe un día por lo que era, los utilizaban para hacer injertos*. Cuando el árbol tenía un tronco lo suficientemente grueso, lo cortaban a la altura de un metro del suelo más o menos, dejando parte de él y sus raíces intactas. Después poniendo encima una pequeña mata de otro árbol frutal, hacía que creciera sin problemas soldándose a él. Para mí aquello era como algo mágico, era como si te cortaran un brazo y te pusieran una pierna a cambio. La imaginación se me disparaba y sentía que era una especie de milagro.

Que de un almendro saliera un ciruelo, durazno u otro almendro que no fuera amargo parecía surrealista.

Encima con el paso de los años podías ver la diferencia en el tronco, una parte de un color, la del almendro y la del ciruelo por ejemplo, de otro distinto. O incluso me explicaron como se podía mezclar dos variedades distintas de frutas en una sola, obteniendo así una nueva resultante de la fusión de ambas.

Cuento esta historia porque la relaciono con las vidas de muchos de los que me rodean, incluso la propia después de treinta y cuatro años. Porque siguiendo el ejemplo del almendro amargo creo que se puede nacer de una forma y, a través de un cambio provocado ya sea por alguien, algo, lo que fuera, crecer de otra forma y llegar a dar frutos dulces si uno quiere.

¿Si un árbol puede porque nosotros no?




*Injerto: Órgano tejido trasplantado.

lunes 4 de febrero de 2008

La estrategia de la araña



Cuando se es muy joven mentalmente y lo que te rodea, sientes que no te llena, buscas formas de satisfacer esa sensación interna de vacío, convirtiéndote y comportándote, en ocasiones y con el paso de los años, en una ansiosa araña que, con su actitud teje meticulosamente una tela en la que poder atrapar aquello que necesita.

Y es que cuando algo empieza a gustarte, lo examinas, buscas la forma de conseguirlo. Una vez se tiene, intentas mantenerlo. Lo malo es cuando lo hacemos de forma casi obsesiva.
En ocasiones, el deseo es tan grande que lo consumes hasta agotarlo, devorándolo con exigencias que proceden quizás de una profunda necesidad de obtener algo del otro.
Con el tiempo, te vas dando cuenta que necesitas más para poder sentirte satisfecho. El objetivo puede que cambie pero no la fuerza y la forma que te empujan a buscarlo.

Como una araña que no sabe como utilizar su tela y aprende, poco a poco empieza a entender dónde y cómo utilizarla, empezando por buscar el mejor método para que sus deseos caigan en una red reforzada por esa idea de encontrar algo en los otros como forma de existir, de sentirse vivo.

Una actitud puede por ejemplo ayudarle, sabe que si crea un halo de misterio, inmóvil, paciente, al acecho y con una apariencia a priori inofensiva, obtendrá resultados, despertando en el otro curiosidad para que se le acerque.

La seducción es la mejor arma de una araña puesto que la pasividad de su actitud engaña a los sentidos del que la observa.

Sin mediar palabra y en silencio pareciera que dijese: ¡Acércate, mírame, puedo ser tuyo, siéntete cómodo a mi lado!, no tengas miedo ¡soy inofensivo!

Y poco a poco, como hipnotizado, el otro queda atrapado en su red formada por neuróticas exigencias, envuelto con un fino y meticuloso hilo invisible que le ahoga e inmoviliza.

La araña necesitará alimentarse de las reacciones de su presa, sentir como ésta le desea y al mismo tiempo sentir la fuerza de cómo intenta escaparse. Así, envuelto y bien sujeto, verá cuan deseado el otro se siente hacia ella y hasta dónde es capaz de llegar con su entrega.

Lo curioso de este comportamiento es que su habilidad innata para poder conseguir lo que se proponga le convierte en un depredador hábil e inteligente pero incapaz de entender el placer que supone compartir algo con otro.

La inteligencia utilizada para aprender formas de ataque y como arma para conseguir lo que se quiere hace que su vida sea una continua lucha, no siendo capaz de obtener conocimientos que hagan cambiar su conducta.

Puede que simplemente sea su naturaleza innata la que le empuja, o algo que le ocurrió que le lleva a tejer con hilos de culpa y rabia una existencia en la que se venga con todo aquel que atrapa.

Una araña puede ser peligrosa sobretodo cuando tiene forma humana pero del mismo modo lo es ignorar lo que te pueda pasar si te acercas demasiado a ella porque para que existan arañas deben también existir otros insectos que le sirvan de alimento.

sábado 2 de febrero de 2008

Buscando...los


Gente que transmite felicidad.

Esos que cuando los ves y te hablan te olvidas de todo y le quitas importancia a un asunto o problema que unos minutos atrás, tan agobiado te hacía sentir.

Gente que puede que sea tu amiga, hermana o tan buscada pareja e incluso un desconocido que sin más te hizo deducir algo que nadie nunca supo o pudo.

No te dicen lo que quieres oír, bonitas palabras sacadas al azar de una plantilla populista, sino aquello que nunca te atreviste a escuchar o que ignorabas.

Son capaces de hacerte entender que seas bueno o malo, hayas hecho algo mal o bien, seas quien seas simplemente eres humano y que todo lo que hagas son experiencias que te enseñan. Comprendes tras sus palabras que podrás haber sido un idiota, haberte comportado como un caprichoso niño consentido, que todo tiene solución si eres consecuente y porque tienen esa capacidad de rebajar cualquier asunto al nivel lo suficientemente manejable como para que te sientas con fuerzas para solucionarlo.

También hacen que te sientas a gusto, que te rías indirectamente de tus defectos hasta hacerlos anecdóticos, trasmiten esa templanza que sin ser agresiva es capaz de mostrarte realidades adornadas con humor.

No hay muchos en el mundo, o quizás si, y si los hay son difíciles de reconocer sino se tiene una mente lo suficientemente preparada para percibirlos. Estamos rodeados de multitudes que se imitan entre ellas y resulta difícil saberlo si no se agudizan los sentidos.

Pasar de niño a adulto supone sacrificar muchas comodidades, y en muchos casos no lo permitimos. Es difícil cortar con el pasado, dejar atrás comportamientos conformistas y romper para empezar lo que realmente y de verdad queremos. Ser capaz de hacerlo conlleva mucho esfuerzo mental, emocional que puede hacer que prefiramos quedarnos en lo que ya tenemos aunque suponga cargar con una tristeza interna que nos acompañará hasta estar listos para afrontarlo. Ellos te empujan a un nivel nuevo de enseñanza en el que aprendes a caminar sólo sin ser cogido de la mano.

Están ahí, sólo hay que escucharlos atentamente con un profundo deseo de querer oír. Deseo generado casi siempre por esa angustia que nos dan los problemas, momento en el que somos más vulnerables.

Gente de cara alegre aunque no sonrían, que irradian tranquilidad sin tener que hablar y que son capaces de transmitir no se sabe si energía o una mezcla de templanza y calma que hace que te sientas con sus palabras o mera presencia, más seguro.

No vienen a ti porque los busques aparecen cuando tu ojo interno se abre de igual modo que tu mente. A muchos sus palabras no les dice nada pero en ti movilizan tu cuerpo entero. Otros ni lo sienten porque su ego no lo soportaría o quizás creen que por sí solos serán capaces.

Quizás hacen lo mismo que los payasos con los niños, sólo que van disfrazados de verdades que te transmiten con las palabras adecuadas y no narices rojas y grandes zapatos. Puesto que casi nadie admitiría nunca que es un niño en ciertos aspectos y comportamientos de su vida por lo que es importante aceptarlo primero, para poder saber cómo hacerlo crecer.

Gente que transmite felicidad al fin y al cabo y que a veces logran enseñarte cómo conseguirla, si tú quieres claro, encontrarlos.

miércoles 30 de enero de 2008

Reflexión....rosa




¿Acaso alguien que aconseja tanto no debe aplicarse lo que tanto promulga? La filosofía o creencias deben ser primero vividas en uno mismo, mostrando resultados, de nada me sirve las palabras lanzadas "sin más" al aire, que salen de fantasías y sueños quizás impuestos por otras personas.

Acepto consejos que veo que han dado resultado en la persona que me los da. No creo en aquellos que creen firmemente algo que ni siquiera entienden y que rechazan porque lo ven externamente. Como si supieran la teoría pero en la práctica todo cambia porque son incapaces de aplicársela o no pueden. ¿Acaso yo como hombre sabré alguna vez como siente una mujer? Podré hacerme una idea y opinar por lo que he visto, pero como hombre estarán muy limitadas en ese aspecto.

Cada uno tendría que respetar decisiones ajenas sino las entiende, y si le gusta intentar hacer que germinen en su persona, descartando simplemente lo que va mas allá de su comprensión.

Si defiendes a capa y espada una conducta sería porque la posees y has visto los dos extremos, por eso pienso que sólo alguien que desee realmente estar vivo y disfruta cada instante es porque comprende lo que es estar muerto ya que en algún momento lo ha vivido o sentido en sus carnes. Hay que llegar al fondo de algo hasta entenderlo después alejarse para así verlo desde fuera, y una vez lo comprendemos buscar el grado que más beneficie de forma constructiva.

El destino está lleno de experiencias, muchos huyen de ellas por miedo a lo que pueda pasar. A muchos no les gusta algo y ni siquiera lo viven, quizás porque siempre es más fácil opinar y desecharlo antes que hacerlo. No está mal dar una opinión lo malo es cuando no nos hemos subido en ella y encima pretendemos que otros lo hagan. Es como si un alumno aconsejara a un profesor sobre cómo enseñar lo que éste aún no sabe.

En mi caso y porque soy gay veo lo fácil que parece crear un mundo rosa y no sólo vivirlo, llenarlo de sueños y esperar lleno de músculos, con la cara bien lisa y oliendo al mejor perfume a que alguien me aprecie y valore. Creer que mi físico será eterno y que siempre conseguiré a quien me proponga. Convertirlo todo en el color que nos define, el rosa.

Como si de una muñeca se tratara, queremos que alguien nos admire, cuide y proteja pero casi nadie sabría explicar qué es lo que ha hecho que llegásemos a ese punto. Lo hacen sin más como guiados por la satisfacción que da el estar llenos siempre de halagos externos.

Sonrientes y cuidados queremos un hombre especial que nos acompañe, cubriéndonos de apariencias para así evitar tener que fortalecernos mentalmente. El espejo se convierte es nuestro amigo y es a partir de entonces cuando la monotonía nos acompaña al reforzar nuestro conformismo puesto que siempre tenemos lo que queremos. Buscamos en nuestra pareja el reflejo que nos da el espejo. Que nos devuelva esa imagen que tanto buscamos y realmente no creeremos, una prueba que demuestre quienes somos, pero sólo en apariencia, lo real casi nunca se exterioriza, inseguridades y muchos miedos.

La realidad muestra que tras un tiempo juntos y después de escarbar en lo que hay tras un físico nos encontramos con muchas resistencias y asuntos sin resolver en ambos. El reflejo es tan claro que no nos gusta lo que vemos. Muestra aquello que tanto ocultábamos.

Momento en el cual terminamos y después volvemos a empezar. Visto desde fuera sería como una espiral, repetición de lo mismo una y otra vez, y en la que sólo cambia nuestro aspecto.

A veces nuestra búsqueda se llena de experiencias que arrastramos reforzando la teoría de que el siguiente será mejor que el anterior. Cosa que no pasa, es el mismo pero evolucionado en los mismos aspectos. La misma muñeca pero más adornada y con vestidos nuevos. Y pasan los años y cuando ese físico que tanto nos ayudaba en la búsqueda de ese amor idealizado desaparece, sólo quedan nuestros recuerdos y todo es entonces más difícil. Y ya no somos tan exigentes y nos abrimos poco a poco con la llave de la tolerancia. El espejo cambia de aspecto y profundizamos en lo que contiene. Permitimos cosas que antes no hacíamos y empezamos a aceptar cosas en el otro quizás por miedo a estar solos.

Por eso creo que los cambios son buenos y hay que buscarlos. No esperar a que los años nos devuelva la pasividad sembrada. Reflexionar sobre nuestra conducta. Dejar de ver y juzgar tanto al otro y concentrase en uno mismo.

Como si nuestras emociones fueran como un péndulo, moverlo hasta el máximo extremo y después buscar el equilibrio. Estarse quieto y mostrase es esperar de los demás y no de uno mismo. Aprender que mientras esperemos aprobación no seremos sino lo que otros digan.
Cuando uno se mueve y explora es cuando te llenas de vivencias. Y entonces te das cuenta que podrás aconsejar porque las has vivido y hablar de lo que sabes.
Es rosa todo lo que me rodea y quisiera que cambiara de color para ver qué pasaría.

martes 29 de enero de 2008

La gran Y



Mi mente está triste, mi cuerpo reacciona.

Mis ideas no son claras, mis movimientos son inseguros.

Digo con miedo lo que pienso y recibo confusas respuestas.

Me levanto con la mente preocupada, al final del día me voy a la cama agobiado.

No me concentro en lo que realmente quiero y me rodeo de problemas ajenos.

Camino con la preocupación de caerme y no veo ninguna meta.

Me quejo todos los días y no cambio ni un poco.

Levanto pesas en el gimnasio y me cansa desarrollar mis ideas.

Prefiero lo ajeno y lo propio ni lo valoro.

Culpo a los demás de todo y me libro de mi propia culpa.

Soy sensible y te quiero tanto que no te digo lo que realmente siento.

Pienso en lo injusto que es todo y así no me responsabilizo de mis actos.

Me da miedo avanzar y me estanco en lo que ya conozco.

Espero que los días pasen sin hacer nada y sin embargo sigo sintiendo tristeza.

lunes 28 de enero de 2008

Castillos de arena


¿De qué sirve basar tu vida en construir un castillo lo más perfecto posible si después nadie sino tú podrá entrar, disfrutar y vivir en él?

Los castillos podrán ser muy bonitos, altas torres desde las que ver más allá de lo que pudiste nunca imaginar, fuertes muros en los que casi nadie podrá entrar, admiración y atracción externa ante tan elaborada maravilla en un reinado donde quizás en no se necesitan reyes sino monumentos. Castillos hay muchos sobretodo en tierras donde las apariencias cuentan tanto.

Me pregunto si en algún momento nos plantearemos el hecho que supone saber si ha sido construido para atraer miradas y fascinar a una galería que espera observar lo que has sido capaz de levantar con tanto esfuerzo y dedicación o por simple beneficio y placer propio. ¿Somos conscientes de lo que construimos o lo hacemos sin más? ¿imitación de otros castillos o instinto por hacernos sólidos y mostrar nuestra verdadera belleza? y ¿trabajar tanto para obtener qué?

Como si cada piedra, torre, balcón y ventana fuese puesta con la intención de se mostrada únicamente al mundo. Utilizando todas nuestras energías en mantener cada detalle de la mejor manera posible a base de esmerado esfuerzo y, por otro lado olvidarnos por completo de entender el motivo que nos ha impulsado a construir semejante fortaleza. Nos llenamos de adornos que haga que crezca y brille lo máximo posible, como si lo que más importara es que sea visto.

Muchos de nosotros tras terminarlo nos sentimos satisfechos en él pero sólos, esperamos en el balcón a que alguien logre atravesarlo, nos recate y nos haga disfrutar tras tanto esfuerzo y gasto de energía convirtiéndose así en un refugio quizás demasiado sólido para que cualquiera llegue. El espacio crece y con él, sensaciones de vacío. Al final necesitamos ser rescatados de lo que hemos construido.

Al fin y al cabo esperamos compartir algo que valoramos tanto con alguien que continuamente nos recuerde los tesoros que en él se esconden y que sea capaz de apreciar lo que ha supuesto el crearlo.

Nos aferramos a la firme idea de que para atravesar nuestros muros sólo aquellos con el suficiente coraje y valor podrán rescatarnos de nuestra auto-creada cárcel. El núcleo de lo que intentamos proteger puede llegar a ser tan sensible, valorado y exigente que no queremos que cualquiera obtenga lo que tan sólidamente escondemos.

Y pasan los años y sólo observamos aprobación e intentos de aparentes príncipes que nos desilusionan porque no son capaces de llegar a nosotros, puesto que ante tales maravillas nos negamos a que cualquiera lo disfrute. La idea con que nos valoramos refuerza la teoría de que sólo unos pocos privilegiados podrán entrar.

Y la soledad aumenta puesto que al no haber parado por un momento a reflexionar en lo que hacemos nos ha hecho encerrarnos en una cada vez más compacta e inalcanzable forma de ser.

Quizás sea hora de abrir las puertas al público y dejar de escondernos en las apariencias puesto que el esfuerzo gastado en hacerlo se nos puede volver en contra y atraparnos en paredes de exigencias. Empezar a no tener miedo a que lo invadan porque vivir en continua amenaza puede ser peor que ser invadidos. Preguntarse para quién y para qué lo he construido.

Habría entonces que bajar de un pedestal que creemos nos protege cuando en realidad nos aleja. La belleza física, la inteligencia utilizada como auto-defensa, la arrogancia son muros que nos aislan y muchas veces nos resistimos a entender que aquello que creemos nos da ventaja en realidad se convierte en nuestra condena.

Un castillo es bello cuando se construye con el reflejo de lo que somos dentro no cuando se imita los creados por Walt Disney. Y muchas veces disfrutan más los turistas que lo observan que las princesas, príncipes y reyes que viven en él.

miércoles 23 de enero de 2008

Aprendiendo de un perro



Caminando por la calle como si no estuviera, pensando como siempre en todo aquello que necesitaba. Cubrir deudas, más dinero para pagar créditos que le dejaban sin un duro a mitad de mes. Llevaba muchos años en la misma empresa y lo que ganaba no era suficiente para afrontar sus gastos. Era curioso, que a pesar de ser consciente de que podía cambiar de trabajo, buscar algo mejor, que le aportara más dinero, le daba miedo tener que empezar todo de nuevo.

Tener que demostrar a gente que no conoces que puedes hacer bien un trabajo se le presentaba como un gran problema personal. Por eso, prefería mantenerse quieto aunque su mente le traicionara a base de angustias y remordimientos. Porque podía ser muy habilidoso a la hora de cuidarse y ser todo un manitas en desviar temas que le incumbían. No era su timidez o la falta de experiencia y títulos lo que le frenaba porque incluso se sentía a gusto frente al público. Iba al gimnasio casi todos los días, compraba cremas y ropa a menudo, para eso nunca le faltaba dinero, no era cobarde sino gandul con su vida e ideas, las quejas eran buenas para justificarse y esperar ayuda era una técnica perfeccionada para no tener que buscar mejorar su aparente crisis financiera.

Decidió esperar, interiormente rezaba a su modo. Pedía dinero mental y verbalmente, y que algo ocurriera.

Casi como un profesional para ciertos temas, no los económicos, se acostumbró a dejar pasar el tiempo y a perfeccionarse en sacarse de encima responsabilidades, enfadándose cuando no obtenía. Sus padres ya veían que se comportaba como un príncipe sin corona. Sus amigos en el trabajo se cansaron de escuchar miles de veces lo mala que era la empresa con él.

Era más fácil soñar y dejarse llevar por una vida sin esfuerzos ni retos, esperar que ésta te trajera en bandeja lo que aparentemente tanto necesitaba. Dinero y mejor calidad de vida, en definitiva no hacer nada, no mover un dedo y ver si por gracia divina algo venía. Lo intentó con parejas que le ayudaran económicamente, como si fueran papá y mamá versión amantes, pero no funcionaba. Dejaba siempre claro el poco dinero que tenía al mundo, tema de conversación principal en su discurso. Sin embargo no escatimaba en quejas y exigencias al destino.

Y un día llegó tan deseado pedido.

Salía del gimnasio como cada día, con su mente en blanco como de costumbre, y pasó junto a una mujer con dos perros.

Uno de ellos, un doberman, se abalanzó sobre él y le mordió un brazo, tan profunda fue la herida que necesitó varios puntos para poder cerrarla, varias semanas de baja de la empresa y mucho tiempo para quitarse el susto de encima.

La denuncia de lo ocurrido le aportó dinero con los que pagó parte de sus deudas dando por zanjada sus demandas. La baja médica también le dio tiempo para reflexionar y apartarse de lo cansino que le resultaba ya su trabajo. El destino le decía: ¡Aquí tiene su encargo, el que tanto me ha pedido!

La forma no fue la más afortunada pero es lo que pasa cuando se pide con ese gandulismo interno que nos hace desear algo tanto que lo atraemos hacia nosotros de alguna u otra forma.

La cicatriz que le quedó le recordaría toda la vida que moverse es necesario para poder tener lo que uno quiere. Son como huellas, marcas tan llamativas como la fuerza con la que nos resistimos.

El dinero vino a su vida, quizás la forma en el que lo recibió fue tan justa como la forma en la que lo buscaba. Ironías de la vida que fuera un perro quién le despertara, ellos por lo menos reaccionan cuando algo va mal.

lunes 21 de enero de 2008

YO SOY ... ¿MACHO?




¿Sabes papá que soy muy hombre?

Si, soy muy macho. Soy maricón pero muy macho. Casi no se me nota, lo adorno con gestos, palabras y miradas duras. Encima soy activo. Lo que creo que me hace menos maricón. Doy por culo y así me vengo por lo que el destino me ha hecho. No me gusta ser así pero ¿qué le voy a hacer? Pienso que he nacido con un cuerpo cuya mente no ha sido capaz de adaptarse a lo que siente. Contradiciones constantes ante lo que debe, quiere y hace.

Pero no te preocupes, que con lo promiscuo que soy, mi polla se encargará de demostrar que a pesar de ser maricón soy muy activo y muy MACHO en mayúsculas. Lo repito tanto para así poder creérmelo. Un hombre de verdad, como corresponde a lo que dice lo que hay entre mis piernas.

Uno tras otro con los que me acuesto ,me harán despertar al hombre que siento guardo en mi interior y que busco. Mi culo ni lo tocan, tampoco les dejo, para dejar claro que sólo meto y que nunca me meten. Intento estar sólo para no tener que oír otros ánimos que los míos sobretodo aquellos que tanto me duele oír. En secreto, cuido mi piel para mantener el templo de lo que protege mi falso construido orgullo. Es femenino cuidarse, por eso lo hago a escondidas y sin que se note mucho.

Y en ningún momento me planteo el hecho de saber a quien intento convencer si a los que quiero o a mí mismo.

No me junto con afeminados para que no me recuerden lo que soy, tampoco voy por lugares y sitios de ambiente para no tener que ver lo que tan fervientemente encierro. Me gustan los tíos masculinos porque encuentro en ellos lo que tanto busco tener y porque son un reflejo de lo que quiero ser.

Sin embargo, en ocasiones bebo, fumo y me drogo y se me escapa ese yo que tanto protejo, me meto en cuartos oscuros, bares gays y saunas, dónde me dejo llevar por el placer, me olvido por una vez de todo y suelto mis deseos más ocultos dejando que mis reprimidos sentidos se expresen ciegamente entre desconocidos.

Recuerda que no me gusta ser quien soy y que simplemente trato de moldearme con una masculinidad que imito. No sé que pasaría si me soltara y dejara salir mis verdaderos sentimientos, creo que no me gustarían y en el fondo defraudaría y temblaría por lo que realmente soy, un maricón que cree que comportándose como un macho va a dejar de serlo.

Detesto la mezcla de lo femenino en lo masculino. Un hombre tiene que ser un hombre, no puede comer pollas, no permite que nadie le respire en la nuca, ni deja que le empujen el cuello para ponerle la cabeza entre sus piernas. Tampoco deja que duden de su rol, debe dejar claro que el otro debe abrir sus piernas y usar su boca mientras yo intento creerme lo que en realidad no siento.

El convencerse con el hábito ayuda a cubrir mi miedo a sacar mis verdaderos sentimientos. Quizás trato de convencer a los que quiero disfrazado del hombre que siento desean que sea.

He aprendido que manteniendo quieto y ocultos mis deseos, la gente te deja en paz. Aunque en realidad nunca se meten conmigo pero mi inseguridad hace que esté siempre alerta. Mis brazos musculados me recuerdan lo fuerte que soy por fuera, pero por dentro así no me siento, espero que nunca lo descubran, eso intento.

Es como sentirse un lobo disfrazado de oveja entre un rebaño, crees que si te quitas el disfraz te verán como un enemigo, te dejaran sólo y esa sensación de abandono te destruirá cuando en realidad soy otra oveja más disfrazada de miedos y frustraciones que come del mismo pasto, sumiso de las apariencias. El lobo no existiría, sólo en mi mente.

Pero mira papá por lo menos, soy quién siento quieres que sea. Nunca te he preguntado si has sabido quién soy realmente, me da miedo la respuesta por eso prefiero nunca saberlo. Ser cobarde no se nota estando tan enjaulado en las apariencias.

No quiero sentir que te he defraudado a pesar de que he hecho algo peor, malgastar toda mi vida siendo alguien al que no le gusta ser quien es realmente, pero bueno... soy muy macho ¿verdad? o eso intento, lo soy por ti porque por mí, me avergüenza.

lunes 14 de enero de 2008

La teta de mamá


Ya desde pequeño hacía uso de mis atributos. Cara bonita con las que no necesitaba palabras con las que pedir, sólo sonreír. Sensibilidad utilizada en la forma adecuada acorde a cada situación para así obtener lo que quería. Un continuo manipular para poder rellenar mis caprichos, necesidades y obtener una atención que quizás deseaba para poder satisfacer mi egoísta e infantil deseo de exigir a todos los que aparentemente quería.

Nunca supe lo que era dar porque sólo recibía. No quería sino oír cosas cómodas, agradables para mi persona y que alimentaran mi ego. Según iba creciendo iba sustituyendo las exigencias a mis padres por considerarme un niño sensible que lo merecía todo, a la de mis amigos, mis parejas. Pedía porque creía que me lo merecía simplemente por existir. La idea se mantuvo a pesar de haber pasado ya los treinta.

Cuando ves que puedes obtener por, básicamente ser, sabes que si añades palabras correctas a tus necesidades te ejercitas y acabas buscando aquello que en cada momento necesites sin casi esfuerzo. Aprobación, adulación, eran el relleno a mis necesidades constantes. Y bueno, es como una herramienta que una vez aprendes a utilizar acabas siendo todo un profesional usándola.

Opción fácil para convertirse en un niño-adulto demandante. ¿Me quieres? ¿En serio? No sé pero creo que si me quisieras no harías esto o lo otro. No puedo pagar esto, no sé qué hacer, necesito dinero pero no sé qué hacer. Llorar ofendido en el momento adecuado, decir lo mucho que quieres a pesar de no mover un dedo. Frases construidas con ese doble sentido que envía mensajes que despierten formas en que las que provocar en el otro una reacción.
En ningún momento me planteé el hecho de entender por qué lo hacía. Ni si era egoísta, porque egoísta eran aquellos que no me entendían, yo ¡nunca! Estaba tan pendiente de recibir que me olvidaba que es lo que ofrecía a cambio. Nada en realidad, pues cubrirme de demandas cubren la necesidad de entender razones.

¿Puede alguien merecerse algo por que sí? Acaso lo que era justificaba lo que hacía. Lo peor era que mis quejas y enfados provenían en el mismo momento en el que no recibía algo del otro.
Buscamos y buscamos como si la naturaleza nos debiera algo. Creemos que merecemos sin más todo aquello que necesitamos. Rellenamos nuestros caprichos a base de peticiones constantes. Nos quejamos si alguien no nos da lo que tanto ansiamos. Huimos de cualquier crítica que roce nuestro ego. No nos planteamos el saber que nos hace tan merecedores de lo que pedimos.

Supongo que de pequeño adquirimos conductas que perfeccionamos con los años. Si cuando eres niño pides atención a base de lloros, muecas y enfados, ya de adultos hacemos lo mismo pero a base de a veces disfrazada sensibilidad. De las muecas y chupas pasamos a la búsqueda de ese amor que nos de lo que tanto necesitamos moldeando nuestras necesidades.

Disfrazada porque nos cubrimos de humildad y bondad y en realidad estamos buscando una atención que justifique quienes somos. Me cuido, niego mi edad, cubro de músculos y de moda una personalidad aparentemente fuerte cuando en realidad me estoy resguardando de una necesidad constante de que me cuiden. Creemos que nos merecemos cuando no sabemos ni lo que damos.

Demandas con quejas de que nadie nos comprende, de que tal o cual nos hizo esto o lo otro, ¿por qué nadie se plantea qué es lo que ha hecho que lleguemos a ese punto? Si tanto nos merecemos ¿por qué buscamos? no deberíamos disfrutar por ya tener, acaso ¿sentimos vacío?
Sería interesante saber cuantos de nosotros afrontamos las consecuencias de lo que hacemos con esa humildad que tanto pedimos a los demás.

La teta de mamá un día me dio leche y parece que una vez se acabó la seguía buscando en todos los que me rodeaban, pero ahora ya soy consciente de ello y tengo la posibilidad de cambiar. Porque los cambios son posibles cuando sabes lo que eres. Después simplemente hay que buscar la forma.

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